jueves 15 de abril de 2010

Problemas de Tiempo

Quiero decirles a todos ustedes los que siguen el blog, mis fieles lectores y seguidores, que no creo que vaya a subir entradas con frecuencia en estos últimos días. Debido a que mi tiempo se ve muy suprimido, estoy constantemente haciendo cosas para el liceo y el inglés particular, para peor, se agregó el problema de que mi computadora anda mal y se me apaga apenas haga el menor esfuerzo. Esto se suma también a que estoy preparando mi cosplay de Kanon de la serie Umineko no naku koro ni para el Montevideo Comics, que se va a hacer a mediados de mayo. Así que mis tiempos libres van a ser ocupados por el cosplay, porque cuesta mucho trabajo y tiempo confeccionarlo.

Aun así intentaré subir entradas los proximos días. Y continuaré "La Muerte desde la Estupefacción" que veo que a muchos de ustedes les gusta.

Gracias por comprender mis queridos lectores.


F. Velvet

jueves 8 de abril de 2010

Sueño 3 - Sonrisa Falsa

No podía evitar pensar que este iba a ser un mal día. Este era uno de esos días en los que uno quiere que pasen en un abrir y cerrar de ojos, pero mientras más lo desee más largo se va a hacer, siempre funciona así. En realidad los días duran veinticuatro horas todos, o sea, no es que de repente se hagan más largos. Pero al tiempo siempre se le ocurría pasar mas lento en este tipo de días malos, al menos así funcionaba en mi cabeza, mi noción del paso del tiempo se volvía mucho mas lenta.
Sentado en uno de los asientos de la clase, me encontraba yo. Con la cabeza acostada sobre la mesa, queriendo que este día pasase en un instante. No miraba a nada en particular, solo pensaba que quería superar esta situación, que esto se vuelva cosa del pasado, de un pasado muy lejano.

Al parecer entre los alumnos de mi generación, corre un rumor extraño relacionado a mí. El cual no conozco con exactitud. Ni siquiera se de que se trata y tampoco quiero saber. Hasta ahora no ha pasado nada extraño pero sé como funciona todo esto. Estoy seguro de que en unos minutos este rumor se va a difundir bastante rápido. Cualquier rumor, chusmerío, o sinónimos de estos que llegasen al oído de una de estas personas, significaría el comienzo de una cadena inmensa.

Aun nadie me ha dicho nada, pero ya lo predecía desde un principio, este va a ser un mal día. Inclusive los días que vengan serán horribles. ¿Cuánto tiempo les va a tardar olvidarse de lo que sea que les hayan dicho? Ya de por sí sufro en el liceo, esto se va a transformar en un calvario.


¡Riing!


Sonó el timbre. Anunciando el comienzo de este día infernal. Quizá estoy exagerando, pero este tipo de cosas me paspan mucho. Se me hace difícil ignorar lo que me dicen. Por lo que este tipo de cosas me molestan demasiado. “Ojala fuese sordo”- pensé.

Los alumnos comenzaron a entrar a la clase, por suerte no me prestaron atención alguna y se sentaron en sus respectivos asientos. Nadie se sentaba a mi lado, pero no era porque no quisieran, sino porque no los dejaba. Prefería sentarme solo.


“¿Qué hay ahora?”


En el instante en el que me hice esa pregunta, casi como si hubiese venido a responderla, el profesor de inglés entró rápidamente a la clase con su sonrisa usual. Él es una de esas personas que uno ve que siempre están felices, de él emanaba siempre un aura animada y optimista, es un buen profesor.

La clase comenzó, y con ella, algo raro empezó a suceder. Desde la otra punta de la clase, uno de los alumnos comenzó a decirle algo al oído a la persona que tenía al lado mientras me miraban. Luego, esa persona le susurró algo a la que estaba sentada en frente y pude notar que se reían. Esta persona le dijo a su compañero de el lado y así sucesivamente. Idéntico a una cadena. Cuando a uno le llegaba la noticia me miraban de costado y reían o comentaban cosas con la persona que tenían a su lado mientras soltaban una risita.

Ya no pude oír más al profesor, me centré en la cadena que se estaba formando, oía las risas y susurros claramente por más bajos que fuesen. Las miradas burlonas y esas horribles sonrisas en sus rostros.


“¿Qué es tan gracioso? ¡Dejen de mirarme! ¡Dejen de mirarme! ¡Mierda! ¿Acaso el estúpido rumor se empezó a difundir? ¿Qué se supone que es? ¡¿Qué es lo que están susurrándose?!”


Empecé a preocuparme y a molestarme mucho. Esas miradas, esas sonrisas, esos ojos, todos dirigidos hacia mí. Era muy incómodo. Decidí no prestar atención, la indiferencia es lo mejor en este tipo de situaciones. Por mas que me cueste ignorar, debo hacerlo. Preocuparme por lo que dicen o no estas personas es sumamente inútil e irrelevante.

Recosté mi cabeza sobre la mesa. Cerré los ojos para aislarme de todo, para evitar las miradas, para evitar ver esas expresiones. Pero fui interrumpido por una pregunta.


-De León – dijo el profesor dirigiéndose a mi - ¿Hizo el trabajo? ¿Tiene la respuesta a la pregunta?


Sus preguntas me hicieron volver a la realidad. Abrí los ojos, apenas moví la cabeza y lo miré a los ojos. No podía definir la expresión de su rostro, supongo que estaba “expectante” a mi respuesta.


-No – contesté serenamente - No lo hice.


El profesor había planteado un ejercicio y al parecer yo no había ni oído ni copiado nada. Me preocupé tanto por los susurros y las risas de mis compañeros que mi mente desapareció de la clase. Y luego también cuando cerré los ojos. ¿Cuánto tiempo habrá pasado desde que comenzó la clase? Había perdido la noción de todo, miré a mí alrededor y todos tenían una mueca en sus rostros que me ponía incómodo, a su vez seguían susurrando cosas entre ellos y mirándome de forma rara. Dirigí mi mirada de nuevo a los ojos del profesor y me sorprendí enseguida. La expresión de su rostro transmitía un montón de ira contenida. Su cara se enrojeció, enarcó las cejas y me miró fijamente. Nunca lo había visto de esta manera, casi nunca se enojaba, y no podía creer que por el hecho de que no haya hecho el ejercicio él se ponga así. Normalmente me diría algo como “Bueno, entonces trabaja…” o “Presta atención, hace las cosas” con su tono gentil usual. Ahora mismo, él no parece él.


-¿Qué se cree usted? ¿Qué puede no hacer los ejercicios porque sabe más o algo así? – su tono de voz se volvió mas frenético repentinamente - ¡¿Acaso usted se cree mejor que los demás?! ¡Aaaah no, no! – sus ojos se abrieron abruptamente hasta el límite. Luego comenzó a reír a carcajadas - ¡JAJAJAJAJA! ¡Sí porque usted-!


No pude entender que decía con exactitud, de repente toda la clase me miró y río junto a él. A donde fuera que mirara, todos se estaban riendo, mirándome de manera denigrante. En sus bocas se formaba una sonrisa increíblemente grande y horrenda. Reían, reían y reían. El profesor comenzó a hablar entre risas y comenzó a imitarme. Comenzó a burlarse de mí, de mis costumbres, de mis expresiones, de las palabras que digo, de cómo hablo, comenzó a burlarse inclusive de cosas mías que solo yo se, de cosas que digo fuera del liceo, de cosas que nunca dije frente a ninguno de ellos. Me humilló frente a todos, logrando el incremento de las risas descontroladas.

El ruido en la clase se unificó en una carcajada inmensa que resquebrajaba mi cerebro. La apariencia del profesor comenzó a deformarse, su pelo, el cual estaba siempre bien peinado, estaba revuelto, parado, como electrizado. Sus ojos, excesivamente abiertos y rojos estaban mirándome fijamente, el color de la piel de su rostro se torno rojizo a causa de las carcajadas incesantes. Parecía como si sus ojos fuesen a salir disparados hacía afuera. Y luego miré a mi alrededor. El rostro de todos se estaba deformando, su apariencia también. Sus bocas estaban abiertas al límite, como si tuviesen una sonrisa de oreja a oreja, no paraban de largar una risotada que parecía algo unísono. Todos me miraban fijamente, sus miradas tenían una expresión denigrante, pretendían humillarme, hacerme sentir inferior, burlarse de mí. Pude leer todo eso en sus ojos.
Pestañee y por unos segundos los rostros de todos se habían convertido en sonrisas aun más grandes y largas, arriba de ellas dos ojos entrecerrados sin iris ni pupila se burlaban de mí sin piedad alguna. La misma boca y los mismos ojos estaban en el rostro de todos, todas las expresiones eran idénticas e irreales. Todos perdieron forma, ya no tenían cuerpos, ya no eran nada, solo eran rostros. No, ni siquiera eso, eran solo dos ojos y una boca con un mismo objetivo: denigrarme, insultarme, humillarme, hacerme sentir la peor inmundicia del mundo.

Todo perdió aun más su forma, me encontré rodeado por esos rostros, todo se volvió negro, el ruido de las risotadas incrementó, era inaguantable. No lo iba a aguantar más, mi cerebro iba a explotar, mis tímpanos iban a romperse en cualquier instante, mi autoestima iba a caer a un abismo del cual no podría salir nunca. Cerré los ojos de nuevo, no quería cruzarme con esas caras horribles, ya no más, tape mis oídos, intenté bloquear mis sentidos. Pero aun escuchaba todo, y lo que no podía ver con mis ojos me lo imaginaba, esos rostros se metían en mi mente y proyectaban su imagen, su ruido, sus intenciones, su denigración, su burla. No me iban a dejar escapar del sufrimiento, su intención era humillarme hasta el punto en que me creyera menor que cualquier cosa en este mundo. Por mas que lo intente no puedo escapar, me siguen a todos lados, me torturan sin piedad.

Entonces, de la nada, como si hubiera venido a callar las risas y voces que me torturaban, sonó el timbre.


¡Riiing!


Ya no sentí mas nada, ya no sentí las risas. Mis sentidos se aliviaron, mis oídos agradecieron el silencio que les fue otorgado. No oigo nada, ni un murmullo. Todo es puro silencio, y eso es raro. Las risas se callaron muy repentinamente. Aun tengo mis ojos cerrados, no puedo mirar a mi alrededor. Tengo miedo de abrirlos, tengo miedo de abrirlos y encontrarme con esos rostros desagradables una vez más. ¿Pero qué fue lo que pasó? No lo sabría hasta abrir los ojos. No oigo absolutamente nada, los recreos siempre son ruidosos, ¿qué es este perpetuo silencio absoluto? Está durando demasiado… Algo pasó, tengo que abrir los ojos, tengo que sacarme esta duda. No puedo quedarme así para siempre.


“A la cuenta de tres. Uno… Dos… ¡Tres!”


No lo dudé. Abrí mis ojos enseguida y contemplé una escena que me dejó estupefacto. Esos rostros desfigurados e irreales habían desaparecido, ahora nadie me miraba, nadie me humillaba, nadie se burlaba. Como si lo que había pasado recién hubiera sido una mentira. Nadie me creería si les digo que aquí hace no más de un minuto treinta personas estaban riendo a carcajadas. ¿Cómo podría definir lo que estoy viendo en este momento? ¿Acaso están muertos? ¿Acaso están fingiendo? No noto respiración alguna en ellos. Pero no están tirados, no tienen heridas, no les pasó nada. Por el contrario, si uno lo ve desde el otro lado de la puerta, afuera, podría decir que esta es una clase muy ordenada y tranquila y que los alumnos están atendiendo a su profesor y escuchando como corresponde. Los alumnos están sentados derechos mirando al pizarrón. Y el profesor esta parado al lado del pizarrón mirando a los alumnos. Pero, ¿qué les pasa a sus rostros? ¿Por qué tienen esa expresión? Se ven tristes, sus ojos y bocas parecen caídos. Sería más fácil de explicar si solo digo que tienen la expresión contraria a la que tenían antes. Aquella inmensa e irreal sonrisa se había convertido en una mueca triste. Aquellos ojos denigrantes con tanta confianza en sí mismos se invirtieron al igual que la boca, sus ojos tenían una expresión depresiva, a uno le daba inclusive un poco de pena.


Ellos no respiran.


Ellos no se mueven.



“Son estatuas de carne y hueso condenadas a sufrir la tristeza por esbozar una sonrisa que nunca les perteneció”




F. Velvet