- María… María… Tranquilízate, nada de esto es real. Nada de esto ha pasado. Nada de esto es real aún, María. Aun están bien, aun podemos ver sus rostros, aun podemos oír sus voces… Pero… ¿Realmente queremos oírlas? María… María… Trata de recordar… Recuerda…
“¡María! ¿Qué estás haciendo? ¡¿Qué es eso?! ¡Deja eso ya! No te entiendo, ¿Por qué eres tan rara? ¡María! ¡María! ¡María!”
-Ellos no entienden…
“¡María! ¿Qué es eso? ¡¿María?! ¡¿Acaso te has lastimado?! ¿Acaso…?
¡¿QUÉ?! ¡María ve a tu habitación en este instante! ¡Que asco! ¡Que repugnante! ¿Acaso no puedes ser normal?”
-… y nunca entenderán…
"¡Mamá! ¡Papá! ¡María esta amenazándome de nuevo! ¡María intentó cortarme! ¡Sal de aquí niña! ¡Estas loca! ¡Deberías ir a un manicomio! ¡Estúpida! ¡Idiota!"
-… el dolor que he sentido desde aquel día...
"¡¿Qué vamos a hacer con esta niña?! ¿¡No ves las estupideces que hace!? ¡Casi que está para ser internada en un manicomio! ¡Iremos al médico! ¡No me importa si la tengo que internar! ¡Esto es una deshonra para la familia..!"
-...y no me privarán de lo que aun me mantiene en pie...
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14 de Febrero del 2001
La habitación estaba inundada por un olor placentero. Era un lugar muy ventilado e
iluminado. Estaba rodeado de plantas en macetas, grandes y chicas, con hojas de un color verde vivo a su máximo esplendor. También, se podían encontrar cuadros colgados en las paredes con dibujos de hermosos paisajes que uno sería capaz de mirar por horas. Había un escritorio de madera de caoba en el centro de la habitación y frente a éste había un cómodo sofá color carmesí. Toda esta armonía de elementos en conjunto le daban a este lugar un atractivo y calmo aspecto.
Aun así, las personas dentro de esta habitación no se detuvieron a apreciar todo esto, para ellos era como estar dentro de un simple cubo hueco. Pero de seguro si hubieran ido a ese lugar por una razón distinta, hubieran podido notar la armonía estética de lo que los rodeaba.
La niña se rehusó a sentarse en el cómodo sofá junto a su familia, por lo que ocupaba un asiento sola, al lado de éste. Sus ojos oscuros y afilados miraban fijamente al suelo, estos estaban escondidos detrás de su cerquillo oscuro que parecía no haber sido cortado hace mucho tiempo. Ella no movía ni un músculo y ni uno de sus cabellos renegridos era movido por el viento proveniente de afuera. No hablaba, no emitía sonidos. Era inclusive muy difícil darse cuenta de que aun respiraba.
Sentados en el sofá carmesí estaban sus dos padres y un adolescente de uno o dos años más que la niña, de ojos afilados y pelo renegrido también,
efectivamente, era su hermano. Detrás del escritorio, sentado en una silla, se encontraba un hombre de mediana edad vistiendo un traje color marrón. Tenía sus codos apoyados en la mesa y los dedos entrelazados. Su frente estaba arrugada y tenía una mueca que demostraba cierta incomodidad en su rostro.
Al parecer, la
conversación ya había comenzado pero había llegado a una pausa repentina. Nadie hablaba. Pero la tensión era obvia. Algo pasaba, algo ocurría, o más bien, algo estaba siendo retenido. Había algo que debía ser dicho pero no salía de la boca de nadie. Los segundos pasaron y aun así todos permanecieron como en una foto, quietos y estáticos.
Entonces, el hombre de traje marrón tembló un poco, titubeó y finalmente habló:
- Su hija sufre de Hematodipsia.
Luego de esto, se produjo una incómoda pausa. La niña no reaccionó ante la afirmación del hombre. Sus palabras fueron claras pero temblorosas, él parecía nervioso. La miraba de vez en cuando intentando encontrar su rostro escondido por sus largos cabellos negros.
Segundos despues afloraron las preguntas por parte de los padres de la chica, claramente ambos estaban muy preocupados, pero no exactamente por su hija.
-¡¿Qué?! - exclamó la madre indignada - ¡¿Qué significa eso?! ¡¿Qué es
hematodipsia?! ¡
Expliquenos señor
Richmund!
El psiquíatra tragó saliva y nuevamente parecía que le costaba volver a expresar sus palabras. Pero al igual que antes,
después de titubear un poco, finalmente respondió la pregunta realizada.
- Denominar a la enfermedad que su hija padece es un poco
difícil en realidad.
Hematodipsia no es un término aceptado por la comunidad científica, existen muchas formas de llamarlo. Es que...
-¡Vaya al punto de una vez! - exclamó el padre
eufórico.
- De acuerdo - repentinamente el cuestionado recupero estabilidad y seriedad, incluso su voz había cambiado - Esta es una enfermedad un tanto complicada. Es también llamada el Síndrome de
Renfield o mejor conocido como
Vampirismo. Se trata de que su hija es adicta a la sangre, sea por
autovampirismo, o sea el daño a si misma; o también por dañar a los que los rodean, con el único objetivo de ver, sentir, oler o saborear la sangre de estos. Es posible que-
- ¡¿Qué?! - el hombre fue interrumpido por el padre de la niña, estaba aun peor que antes, sumido en la furia e indignación que le provocaba lo que había oído- ¡Un miembro de la familia
Dellacroix D'
Angelis Cupié no puede sufrir de tal
enfermedad! - exclamó el padre - ¡¿En dónde quedó la honra de esta familia?! ¡¿Por qué mi hija no puede ser normal?! ¡¿A qué se debe esto?!
Richmund contestó sin titubear.
- El
orígen de este trastorno muchas veces se debe a que el niño u adolescente se ve involucrado en un incidente sangriento en el que descubre la excitación por la sangre. Muchas veces funciona como una evolución, a este hecho se le suman otros parecidos del estilo, ya sean
autovampirismo o inclusive personas a su alrededor que le induzcan a realizar el acto, es entonces cuando el trastorno se ve realmente acentuado, lo que lleva al individuo al estado más avanzado del síndrome: el
Vampirismo Clínico. Cuando pasan voluntariamente a ingerir la sangre de otros como si fuese una droga, el momento en el que no pueden controlar la necesidad y excitación y terminan mordiendo o dañando a las personas alrededor, para ellos es un éxtasis, es el grado de
satisfaccion más alto.
Esta vez
intervino la madre.
- ¿Involucrado en un incidente sangriento? ¡Mi hija no ha pasado por nada así en su vida! ¡Nunca!
Repentinamente, el hermano de la niña quien hasta ahora no había hablado
hizo explicita su opinión en la
conversación.
- Esta herida me la hizo ella señor - dijo mientras se tocaba una cicatriz enorme en el extremo derecho de su rostro que se extendía desde la altura del labio superior de su boca hasta casi tocar su ojo - Lo mejor que pueden hacer ahora mismo es encerrarla en algún lado durante toda su vida.
A pesar de todo lo que había sido dicho la niña no se movió, ni siquiera reaccionó. Hizo caso omiso a la
superposición de un título sobre ella misma por parte de sus padres. Ni siquiera las palabras cargadas de odio de su hermano la hicieron moverse. No
intervino, no dijo ni una sola palabra. Como si no le importara, como si estuviese en otro mundo, ella permaneció aislada de la
conversación. Todos siguieron discutiendo, pero para ella no eran más que un ruido molesto a su lado, nada lo
suficientemente relevante como para prestar su oído.
Fue entonces, cuando su madre dijo algo... Algo de lo que pronto se arrepentiría.
- ¡Sí! ¡Ya se a que se debe esto! Se porque mi hija se ha convertido en una anormal, lo sé... lo sé... - repentinamente cambió su voz y utilizó un tono soberbio - Es debido a esa... esa porquería... esa niña muerta...
"..."
Todo pasó muy rápida e inesperadamente. Las dulces corrientes de aire dejaron de correr dentro de la habitación, el color de las plantas y los cuadros habían
perdido su atractiva belleza. Todo se paralizó, nadie realizó movimiento alguno, a excepción de alguien.
Por única vez dentro de la habitación, la niña se había movido. Aun con sus ojos casi escondidos bajo su pelo se encontraba sobre su madre con un cuchillo muy cerca de su cuello.
Fue entonces cuando dijo las siguientes palabras.
- No te permitiré hablar de ella de esa manera.
Volví en mí. Recuperé la razón. Incluso aunque no me había caído, aunque ni siquiera había cerrado mis ojos. Hace unos minutos había desaparecido de este mundo. No… no se si fueron minutos, quizá fueron segundos, quizá fue en un abrir y cerrar de ojos. Durante ese tiempo me abandoné a mi misma. ¿Pero a dónde fui? Vi algo. Algo que no entendí, fue como un
flash dentro de mi cerebro. Mis sentidos se habían
opacado, como si hubiera desaparecido de este mundo. Todo se centró en esa escena. Y esa voz…
No lo entiendo, ¿qué es esto que he visto mientras me encontraba paralizada por la estupefacción?
“…”
Recibí el golpe de realidad y realmente reaccioné. La imagen que tenía en frente se quemó en mis ojos: la habitación era un desparramo de sangre, marcas por doquier, piel… órganos…
En medio de toda esta horrorosa y traumática escena los cadáveres de mis padres se encontraban tirados uno al lado del otro. Aunque… eran, sinceramente,
irreconocibles, puedo decir que ellos son ellos por sus ropas pero… estaban tan desfigurados que podrían ser cualquier otra persona. No solo porque sus rostros habían sido descuartizados y arrancados. Sino que en realidad toda la parte frontal de sus cuerpos estaba… abierta.
“Sangre... rojo... intestinos, estómagos, cerebros, piel, músculos, huesos: quebrados, triturados, partidos, sersenados. Y en la pared… hay algo... hay algo en la pared… ¡¿Qué es eso?!”
¿Aun no recuerdas?
Esa es la realidad
Sentí que nunca iba a poder cerrar mis ojos, que se habían trancado ahí y se habían pegado en esa escena. Y en esas palabras escritas con sangre. No puedo, no puedo más. ¡No puedo aguantar más esto!
Caí al piso de rodillas y mi rostro se paralizó, tenía tanto dolor que ni siquiera podía poner una expresión concreta en mi rostro, no podía cerrar mis ojos, ni siquiera podía mirar en otra dirección. No podía mover la boca, no podía hablar. No podía hacer nada.
Continué con el acto masoquista de seguir mirando la escena con los ojos bien abiertos, incluso aunque cada vez me dolía más, cada vez era peor, cada segundo eran punzadas de dolor en mi cuerpo.
"Esto no puede estar pasando. Es imposible. ¡¿Es un sueño, verdad?! ¡No puede ser verdad!"
- María…
En medio de mi agonía escuché algo. Un murmullo, un susurro. Pero lo olvidé al instante. Lo único que este ruido logró fue hacer que mis sentidos volviesen a la normalidad. El ruido quebró la estupefacción y pude al fin, cerrar mis ojos. Lloré y grité
descontroladamente, postrada en el piso, golpeando, agonizando, sufriendo.
Y entonces… Sentí algo en mi cabeza. Sentí que alguien me había agarrado el pelo. Me sentí
completamente horrorizada y se paralizó hasta la más pequeña fibra de mí ser. No me moví, no grité más, no lloré más. Una vez más me volví una estatua que solo podía contar sus inhalaciones y
exhalaciones. Entonces lo oí claramente.
- Cállate
Esperé unos segundos. Mi pelo seguía siendo agarrado por algo. Y no había dudas de que claramente había alguien ahí.
Gotas de sudor comenzaron a recorrer mi frente. Mis lágrimas ya se habían secado, podría decir que de puro miedo inclusive. No me moví e hice caso a la voz, cerré mi boca con un candado y tiré la llave al abismo.
Luego sentí que la presión en mi cabeza desaparecía. Al parecer lo que sea que estaba ahí había soltado mi pelo. Y luego sentí unos pasos. Moví apenas mi cabeza, lo suficiente como para poder mirar al menos los "pies" del ser. Mi movimiento, al parecer, fue imperceptible. Aunque no se si en realidad este ser quería que me quedase quieta, pero yo misma me negaba a hacer movimientos bruscos y obvios. Lo que vi… fueron dos zapatillas negras.
- Levántate
Titubeé un poco. Pero lenta y pavorosamente, sin dejar de mirar el piso, me levanté. Entonces, cuando ya me había parado por completo, lentamente comencé a elevar mi mirada.
“…”
Otra vez, me sobresalté y no pude moverme, aun así, tampoco esquivé su mirada. No podía, sus ojos me atrapaban. De nuevo, me sentía atada por una fuerza imaginaria.
Sus ropas estaban manchadas con sangre... La reconocí enseguida... Recuerdo haberla visto alguna vez en el pasado... No, es mentira, la he visto más de una vez.
Todos los días en el espejo.
Su lenta, seca pero suave voz, rompió el hipnotismo que se había apoderado de mi cuerpo. Aun así, no evité su mirada, la escuché atentamente.
-¿Sabes quién soy?
Contesté casi
inmediatamente.
- ¿Tú... eres... yo?
Pero me sentía extraña, me sentí como obligada a hacerlo. Hay algo en esta chica, algo que me atrapa, algo que no me deja ser yo. Es como si sintiese que me está drenando poco a poco, como si me estuviera sacando de mi propio cuerpo, siento que se lleva mi conciencia. Como si fuese a desaparecer en este mismo instante.
- Sí, María. Yo soy tú y tú eres yo. Somos como dos caras de la misma moneda, nuestra apariencia es idéntica pero nuestra vida no lo es. Ya es inútil pretender que recuerdes, no lo harás. Hemos tenido suertes distintas y caminos distintos que nos han llevado a pensar distinto. Ahora mismo discrepamos, nuestras realidades lo hacen, nuestras realidades chocan. Ya no podemos coexistir.
Cada vez se me hacía mas pesado pararme ahí, cada vez costaba más, cada vez me sentía menos "yo". La oigo y la veo, observo a este clon mío y lo escucho atentamente, pero aun así no entiendo lo que ocurre, incluso mis acciones ya no son más acciones mías. Me siento ajena de mi misma, siento que me arrebatan, que me extraen, me echan de mi conciencia. Casi que puedo mirarme como un ser distinto, me desconozco, comienzo a no entenderme, me miro dos veces.
"Esta no soy yo, ¿qué esta pasando?"
Ahora me duele el cuerpo, me siento frágil, siento que me voy a desvanecer en cualquier momento, me siento como el castillo de arena al ver al tifón aproximarse. Pero, ¿qué es este tifón? Lo siento pero no lo veo. Es esta sensación de debilidad que tengo, esta sensación de
suceptibilidad.
- La realidad debe apoderarse de la fantasía. Algo falso no puede existir, no dejaré que exista, no mientras esté aquí. Corregiré esta realidad falsa fruto del deseo del mundo perfecto que nunca tuvimos, María. Borraré al engaño, a la ilusión, al delirio. No podemos vivir en un mundo fingido, un mundo que de verdad no existe.
El tifón esta cerca, aun más que antes. Esa fuerza que me desmorona está a punto de acabarme, esta a punto de agotar mis fuerzas. No podré aguantar más, seré despojada de mi ser. Seré reducida a la nada. Mi cuerpo y alma están siendo poseídos, ya no puedo más. Ahora me siento como una nube de humo, una niebla que se disipará pronto. Basta con agitar un poco la mano para que no quede rastro de mí. Ya no puedo moverme, de mí solo queda mi esencia. No quiero morir, no quiero desaparecer.
- Un mundo perfecto después de la muerte de Agatha no existe.
F. Velvet