viernes 25 de junio de 2010

Reapertura del blog y cambios realizados

Finalmente las preparaciones están listas y los cambios han sido realizados. El blog ha sido reformado como podrán ver aquellos que venian siguiendolo. Por suerte, ahora tengo más tiempo para escribir y para dedicarle al blog, más allá de que dentro de unas semanas aquí en Montevideo se hará otra convención de animé/manga/juegos/comics/etc., la Freak Out! En la cual asistiré, si todo sale bien, con el cosplay de Battler Ushiromiya de la serie Umineko no naku koro ni.
Con respecto a los problemas de tiempo que antes tenía: ya se han solucionado y el cosplay ha sido un éxito. Sinceramente, la pase muy bien esos dos días de convención, disfrute mucho junto a amigos y volví muy feliz y emocionado debido a que gané el segundo premio de la categoría junior (menores de 18 años), sinceramente no me lo esperaba. Recuerdo que cuando subí al escenario no paraba de temblar de la emoción.

Pero bueno... mejor dejo de hablar sobre mí. Así que mejor voy al grano. Los cambios.

Como han visto, el blog ha cambiado en su aspecto en general, pero mejor vamos a los cambios relevantes. Me refiero a los cambios realizados en la historia que estoy escribiendo. La cual aun no tiene nombre, pero su capítulo si lo tiene: "La Muerte desde la Estupefacción", la cual muchos de ustedes bien conocen.

Los cambios realizados fueron los siguientes:

  • Creación de un prólogo.
  • Pequeños cambios al principio de la primera parte del primer capítulo (en vez de que la protagonista se refiera a "ella" ahora se refiere a "eso")
  • La tercera parte del primer capítulo fue profundamente modificada. Así que considero que sea releída toda de nuevo. Incluso su final ha cambiado.
  • Los comentarios de las entradas de "La Muerte desde la Estupefacción" cuando fue publicada en Marzo y Abril fueron pasados a las de Junio. Así no perderé sus valiosas opiniones.
Aclaración importante: La segunda parte del primer capítulo de la historia (cuando la protagonista oye los ruidos extraños) no se vio afectada para nada.

En realidad, mi gran consejo sería que leyeran todo de nuevo y de una vez. Así les queda todo más claro. Igual dejo estas aclaraciones en caso de que no quieran leerlo todo de nuevo.
Pero recuerden: a veces releyendo todo se descubren cosas que antes no se habían notado, y más que nada ahora que en general la historia ha sido cambiada.

Sinceramente, pido perdón por estos cambios. Porque se que es tedioso tener que volver a leer lo ya leído. Pero es que la historia no estaba tomando el curso que yo quería, o mejor dicho, la historia iba bien pero le faltaban algunos elementos vitales que no había agregado. De todos modos, por suerte, ahora todo esta estabilizado y pronto me pondré a escribir el Capítulo II.


Prólogo
Capítulo I-I
Capítulo I-II
Capítulo I-III



Para terminar, dejo otro aviso.

Estoy realizando constantemente cambios en mis redacciones. Pero no son cambios de contenido, sino que las releo para ver si puedo mejorar la forma de describir algo o usar palabras más acordes o que queden mejor. Por eso (si tienen una gran memoria) y notan que algunas palabras con las que describí algo una vez han cambiado, es porque me ha parecido que esa palabra encajaba mejor. Estos son cambios irrelevantes, pero ta, por las dudas tenía que avisarlo. Cada tanto le doy una revisión a lo que escribo. Y dígamos que lo "corrijo" y lo voy perfeccionando poco a poco.


Sin más que decir, queridos lectores, espero que sigan disfrutando de lo que escribo y podamos compartir juntos este placer mutuo de lector-escritor.

Los saluda atentamente,


F. Velvet

jueves 24 de junio de 2010

Capítulo I - Parte III

- María… María… Tranquilízate, nada de esto es real. Nada de esto ha pasado. Nada de esto es real aún, María. Aun están bien, aun podemos ver sus rostros, aun podemos oír sus voces… Pero… ¿Realmente queremos oírlas? María… María… Trata de recordar… Recuerda…


“¡María! ¿Qué estás haciendo? ¡¿Qué es eso?! ¡Deja eso ya! No te entiendo, ¿Por qué eres tan rara? ¡María! ¡María! ¡María!”


-Ellos no entienden…


“¡María! ¿Qué es eso? ¡¿María?! ¡¿Acaso te has lastimado?! ¿Acaso…?
¡¿QUÉ?! ¡María ve a tu habitación en este instante! ¡Que asco! ¡Que repugnante! ¿Acaso no puedes ser normal?”


-… y nunca entenderán…


"¡Mamá! ¡Papá! ¡María esta amenazándome de nuevo! ¡María intentó cortarme! ¡Sal de aquí niña! ¡Estas loca! ¡Deberías ir a un manicomio! ¡Estúpida! ¡Idiota!"


-… el dolor que he sentido desde aquel día...


"¡¿Qué vamos a hacer con esta niña?! ¿¡No ves las estupideces que hace!? ¡Casi que está para ser internada en un manicomio! ¡Iremos al médico! ¡No me importa si la tengo que internar! ¡Esto es una deshonra para la familia..!"

-...y no me privarán de lo que aun me mantiene en pie...



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14 de Febrero del 2001



La habitación estaba inundada por un olor placentero. Era un lugar muy ventilado e iluminado. Estaba rodeado de plantas en macetas, grandes y chicas, con hojas de un color verde vivo a su máximo esplendor. También, se podían encontrar cuadros colgados en las paredes con dibujos de hermosos paisajes que uno sería capaz de mirar por horas. Había un escritorio de madera de caoba en el centro de la habitación y frente a éste había un cómodo sofá color carmesí. Toda esta armonía de elementos en conjunto le daban a este lugar un atractivo y calmo aspecto.
Aun así, las personas dentro de esta habitación no se detuvieron a apreciar todo esto, para ellos era como estar dentro de un simple cubo hueco. Pero de seguro si hubieran ido a ese lugar por una razón distinta, hubieran podido notar la armonía estética de lo que los rodeaba.

La niña se rehusó a sentarse en el cómodo sofá junto a su familia, por lo que ocupaba un asiento sola, al lado de éste. Sus ojos oscuros y afilados miraban fijamente al suelo, estos estaban escondidos detrás de su cerquillo oscuro que parecía no haber sido cortado hace mucho tiempo. Ella no movía ni un músculo y ni uno de sus cabellos renegridos era movido por el viento proveniente de afuera. No hablaba, no emitía sonidos. Era inclusive muy difícil darse cuenta de que aun respiraba.

Sentados en el sofá carmesí estaban sus dos padres y un adolescente de uno o dos años más que la niña, de ojos afilados y pelo renegrido también, efectivamente, era su hermano. Detrás del escritorio, sentado en una silla, se encontraba un hombre de mediana edad vistiendo un traje color marrón. Tenía sus codos apoyados en la mesa y los dedos entrelazados. Su frente estaba arrugada y tenía una mueca que demostraba cierta incomodidad en su rostro.

Al parecer, la conversación ya había comenzado pero había llegado a una pausa repentina. Nadie hablaba. Pero la tensión era obvia. Algo pasaba, algo ocurría, o más bien, algo estaba siendo retenido. Había algo que debía ser dicho pero no salía de la boca de nadie. Los segundos pasaron y aun así todos permanecieron como en una foto, quietos y estáticos.

Entonces, el hombre de traje marrón tembló un poco, titubeó y finalmente habló:



- Su hija sufre de Hematodipsia.


Luego de esto, se produjo una incómoda pausa. La niña no reaccionó ante la afirmación del hombre. Sus palabras fueron claras pero temblorosas, él parecía nervioso. La miraba de vez en cuando intentando encontrar su rostro escondido por sus largos cabellos negros.

Segundos despues afloraron las preguntas por parte de los padres de la chica, claramente ambos estaban muy preocupados, pero no exactamente por su hija.


-¡¿Qué?! - exclamó la madre indignada - ¡¿Qué significa eso?! ¡¿Qué es hematodipsia?! ¡Expliquenos señor Richmund!


El psiquíatra tragó saliva y nuevamente parecía que le costaba volver a expresar sus palabras. Pero al igual que antes, después de titubear un poco, finalmente respondió la pregunta realizada.


- Denominar a la enfermedad que su hija padece es un poco difícil en realidad. Hematodipsia no es un término aceptado por la comunidad científica, existen muchas formas de llamarlo. Es que...


-¡Vaya al punto de una vez! - exclamó el padre eufórico.


- De acuerdo - repentinamente el cuestionado recupero estabilidad y seriedad, incluso su voz había cambiado - Esta es una enfermedad un tanto complicada. Es también llamada el Síndrome de Renfield o mejor conocido como Vampirismo. Se trata de que su hija es adicta a la sangre, sea por autovampirismo, o sea el daño a si misma; o también por dañar a los que los rodean, con el único objetivo de ver, sentir, oler o saborear la sangre de estos. Es posible que-


- ¡¿Qué?! - el hombre fue interrumpido por el padre de la niña, estaba aun peor que antes, sumido en la furia e indignación que le provocaba lo que había oído- ¡Un miembro de la familia Dellacroix D' Angelis Cupié no puede sufrir de tal enfermedad! - exclamó el padre - ¡¿En dónde quedó la honra de esta familia?! ¡¿Por qué mi hija no puede ser normal?! ¡¿A qué se debe esto?!


Richmund contestó sin titubear.


- El orígen de este trastorno muchas veces se debe a que el niño u adolescente se ve involucrado en un incidente sangriento en el que descubre la excitación por la sangre. Muchas veces funciona como una evolución, a este hecho se le suman otros parecidos del estilo, ya sean autovampirismo o inclusive personas a su alrededor que le induzcan a realizar el acto, es entonces cuando el trastorno se ve realmente acentuado, lo que lleva al individuo al estado más avanzado del síndrome: el Vampirismo Clínico. Cuando pasan voluntariamente a ingerir la sangre de otros como si fuese una droga, el momento en el que no pueden controlar la necesidad y excitación y terminan mordiendo o dañando a las personas alrededor, para ellos es un éxtasis, es el grado de satisfaccion más alto.


Esta vez intervino la madre.


- ¿Involucrado en un incidente sangriento? ¡Mi hija no ha pasado por nada así en su vida! ¡Nunca!


Repentinamente, el hermano de la niña quien hasta ahora no había hablado hizo explicita su opinión en la conversación.


- Esta herida me la hizo ella señor - dijo mientras se tocaba una cicatriz enorme en el extremo derecho de su rostro que se extendía desde la altura del labio superior de su boca hasta casi tocar su ojo - Lo mejor que pueden hacer ahora mismo es encerrarla en algún lado durante toda su vida.


A pesar de todo lo que había sido dicho la niña no se movió, ni siquiera reaccionó. Hizo caso omiso a la superposición de un título sobre ella misma por parte de sus padres. Ni siquiera las palabras cargadas de odio de su hermano la hicieron moverse. No intervino, no dijo ni una sola palabra. Como si no le importara, como si estuviese en otro mundo, ella permaneció aislada de la conversación. Todos siguieron discutiendo, pero para ella no eran más que un ruido molesto a su lado, nada lo suficientemente relevante como para prestar su oído.

Fue entonces, cuando su madre dijo algo... Algo de lo que pronto se arrepentiría.

- ¡Sí! ¡Ya se a que se debe esto! Se porque mi hija se ha convertido en una anormal, lo sé... lo sé... - repentinamente cambió su voz y utilizó un tono soberbio - Es debido a esa... esa porquería... esa niña muerta...


"..."


Todo pasó muy rápida e inesperadamente. Las dulces corrientes de aire dejaron de correr dentro de la habitación, el color de las plantas y los cuadros habían perdido su atractiva belleza. Todo se paralizó, nadie realizó movimiento alguno, a excepción de alguien.
Por única vez dentro de la habitación, la niña se había movido. Aun con sus ojos casi escondidos bajo su pelo se encontraba sobre su madre con un cuchillo muy cerca de su cuello.

Fue entonces cuando dijo las siguientes palabras.

- No te permitiré hablar de ella de esa manera.





Volví en mí. Recuperé la razón. Incluso aunque no me había caído, aunque ni siquiera había cerrado mis ojos. Hace unos minutos había desaparecido de este mundo. No… no se si fueron minutos, quizá fueron segundos, quizá fue en un abrir y cerrar de ojos. Durante ese tiempo me abandoné a mi misma. ¿Pero a dónde fui? Vi algo. Algo que no entendí, fue como un flash dentro de mi cerebro. Mis sentidos se habían opacado, como si hubiera desaparecido de este mundo. Todo se centró en esa escena. Y esa voz…
No lo entiendo, ¿qué es esto que he visto mientras me encontraba paralizada por la estupefacción?


“…”


Recibí el golpe de realidad y realmente reaccioné. La imagen que tenía en frente se quemó en mis ojos: la habitación era un desparramo de sangre, marcas por doquier, piel… órganos…
En medio de toda esta horrorosa y traumática escena los cadáveres de mis padres se encontraban tirados uno al lado del otro. Aunque… eran, sinceramente, irreconocibles, puedo decir que ellos son ellos por sus ropas pero… estaban tan desfigurados que podrían ser cualquier otra persona. No solo porque sus rostros habían sido descuartizados y arrancados. Sino que en realidad toda la parte frontal de sus cuerpos estaba… abierta.


“Sangre... rojo... intestinos, estómagos, cerebros, piel, músculos, huesos: quebrados, triturados, partidos, sersenados. Y en la pared… hay algo... hay algo en la pared… ¡¿Qué es eso?!”




¿Aun no recuerdas?


Esa es la realidad



Sentí que nunca iba a poder cerrar mis ojos, que se habían trancado ahí y se habían pegado en esa escena. Y en esas palabras escritas con sangre. No puedo, no puedo más. ¡No puedo aguantar más esto!

Caí al piso de rodillas y mi rostro se paralizó, tenía tanto dolor que ni siquiera podía poner una expresión concreta en mi rostro, no podía cerrar mis ojos, ni siquiera podía mirar en otra dirección. No podía mover la boca, no podía hablar. No podía hacer nada.
Continué con el acto masoquista de seguir mirando la escena con los ojos bien abiertos, incluso aunque cada vez me dolía más, cada vez era peor, cada segundo eran punzadas de dolor en mi cuerpo.


"Esto no puede estar pasando. Es imposible. ¡¿Es un sueño, verdad?! ¡No puede ser verdad!"



- María…



En medio de mi agonía escuché algo. Un murmullo, un susurro. Pero lo olvidé al instante. Lo único que este ruido logró fue hacer que mis sentidos volviesen a la normalidad. El ruido quebró la estupefacción y pude al fin, cerrar mis ojos. Lloré y grité descontroladamente, postrada en el piso, golpeando, agonizando, sufriendo.

Y entonces… Sentí algo en mi cabeza. Sentí que alguien me había agarrado el pelo. Me sentí completamente horrorizada y se paralizó hasta la más pequeña fibra de mí ser. No me moví, no grité más, no lloré más. Una vez más me volví una estatua que solo podía contar sus inhalaciones y exhalaciones. Entonces lo oí claramente.



- Cállate



Esperé unos segundos. Mi pelo seguía siendo agarrado por algo. Y no había dudas de que claramente había alguien ahí.
Gotas de sudor comenzaron a recorrer mi frente. Mis lágrimas ya se habían secado, podría decir que de puro miedo inclusive. No me moví e hice caso a la voz, cerré mi boca con un candado y tiré la llave al abismo.
Luego sentí que la presión en mi cabeza desaparecía. Al parecer lo que sea que estaba ahí había soltado mi pelo. Y luego sentí unos pasos. Moví apenas mi cabeza, lo suficiente como para poder mirar al menos los "pies" del ser. Mi movimiento, al parecer, fue imperceptible. Aunque no se si en realidad este ser quería que me quedase quieta, pero yo misma me negaba a hacer movimientos bruscos y obvios. Lo que vi… fueron dos zapatillas negras.



- Levántate



Titubeé un poco. Pero lenta y pavorosamente, sin dejar de mirar el piso, me levanté. Entonces, cuando ya me había parado por completo, lentamente comencé a elevar mi mirada.



“…”



Otra vez, me sobresalté y no pude moverme, aun así, tampoco esquivé su mirada. No podía, sus ojos me atrapaban. De nuevo, me sentía atada por una fuerza imaginaria.

Sus ropas estaban manchadas con sangre... La reconocí enseguida... Recuerdo haberla visto alguna vez en el pasado... No, es mentira, la he visto más de una vez.



Todos los días en el espejo.


Su lenta, seca pero suave voz, rompió el hipnotismo que se había apoderado de mi cuerpo. Aun así, no evité su mirada, la escuché atentamente.

-¿Sabes quién soy?

Contesté casi inmediatamente.

- ¿Tú... eres... yo?

Pero me sentía extraña, me sentí como obligada a hacerlo. Hay algo en esta chica, algo que me atrapa, algo que no me deja ser yo. Es como si sintiese que me está drenando poco a poco, como si me estuviera sacando de mi propio cuerpo, siento que se lleva mi conciencia. Como si fuese a desaparecer en este mismo instante.


- Sí, María. Yo soy tú y tú eres yo. Somos como dos caras de la misma moneda, nuestra apariencia es idéntica pero nuestra vida no lo es. Ya es inútil pretender que recuerdes, no lo harás. Hemos tenido suertes distintas y caminos distintos que nos han llevado a pensar distinto. Ahora mismo discrepamos, nuestras realidades lo hacen, nuestras realidades chocan. Ya no podemos coexistir.


Cada vez se me hacía mas pesado pararme ahí, cada vez costaba más, cada vez me sentía menos "yo". La oigo y la veo, observo a este clon mío y lo escucho atentamente, pero aun así no entiendo lo que ocurre, incluso mis acciones ya no son más acciones mías. Me siento ajena de mi misma, siento que me arrebatan, que me extraen, me echan de mi conciencia. Casi que puedo mirarme como un ser distinto, me desconozco, comienzo a no entenderme, me miro dos veces.


"Esta no soy yo, ¿qué esta pasando?"


Ahora me duele el cuerpo, me siento frágil, siento que me voy a desvanecer en cualquier momento, me siento como el castillo de arena al ver al tifón aproximarse. Pero, ¿qué es este tifón? Lo siento pero no lo veo. Es esta sensación de debilidad que tengo, esta sensación de suceptibilidad.


- La realidad debe apoderarse de la fantasía. Algo falso no puede existir, no dejaré que exista, no mientras esté aquí. Corregiré esta realidad falsa fruto del deseo del mundo perfecto que nunca tuvimos, María. Borraré al engaño, a la ilusión, al delirio. No podemos vivir en un mundo fingido, un mundo que de verdad no existe.


El tifón esta cerca, aun más que antes. Esa fuerza que me desmorona está a punto de acabarme, esta a punto de agotar mis fuerzas. No podré aguantar más, seré despojada de mi ser. Seré reducida a la nada. Mi cuerpo y alma están siendo poseídos, ya no puedo más. Ahora me siento como una nube de humo, una niebla que se disipará pronto. Basta con agitar un poco la mano para que no quede rastro de mí. Ya no puedo moverme, de mí solo queda mi esencia. No quiero morir, no quiero desaparecer.


- Un mundo perfecto después de la muerte de Agatha no existe.




F. Velvet

Capítulo I - Parte II

¡...ac!

Mi respiración había sido interrumpida por "ese" sonido. Otra vez, una nueva onda sonora había viajado desde el otro lado de la puerta y había muerto en mi oído.
Ya no podía contar mis inhalaciones y exhalaciones. No podía hacerlo porque dejé de respirar. Ya el sonido del aire entrando y saliendo de mi nariz era molesto, era demasiado ruidoso. Paralizada completamente, no emití ruido alguno. Como si no estuviera ahí. Opaqué todos mis sentidos. Menos uno... el oído. Cerré mis ojos y lo volví a oír, y esta vez mucho mas claro.

¡Tac!

Mi mente quedó en blanco por unos segundos.

".................................................."

"¿Qué es eso? ¿Qué es ese ruido?"

Esta vez lo oí claramente. Escuché... un sonido muy parecido o idéntico al que uno oye cuando rompe algo.
Seguí inmóvil, conteniendo la respiración. Esperando oír un nuevo "tac". Pero... en vez de eso, oí algo que me heló la sangre. No precisaba contener la respiración para oírlo claramente, era por lejos mas ruidoso que aquellos "tac".


-...Sangre


¡Tac! ¡Tac! ¡Tac! ¡Tac!


Sentí que del otro lado de la puerta los movimientos comenzaron a volverse mucho más ruidosos, a aquellos "tacs" se le sumaron otra serie de ruidos, pude oir un ruido como de escarbamiento y como si algo jugoso estuviera siendo apretado. La voz comenzó a elevar su tono, el cual se volvió mas grueso y frenético.


-¡Más! ¡Más! ¡Quiero MÁS!


¡Tac! ¡Tac! ¡Tac! ¡Tac!


Mis sentidos se apagaron. Se consumieron. Fueron suprimidos contra mi voluntad. Me sentí por unos segundos fuera de este mundo. Como si esas palabras se hubieran llevado mi alma, como si el miedo se hubiera apoderado tanto de mi misma que me echó de mi propio cuerpo.

Poco a poco recuperé la cordura, pero en el momento en el que pude sentir de nuevo, el miedo no dudó en intentar apoderarse de mi otra vez. Esta vez, con nuevos pensamientos.

"¡¿Qué..?! ¿Quien esta hablando? Esa voz... no es la de papá y menos la de mamá... Esa voz... se me hace familiar... creo haberla escuchado antes... ES... es ... es... ¡ESA VOZ!"

Enseguida los recuerdos vinieron a mi mente, los recuerdos de lo que había pasado no hace mas de diez minutos. En el instante en que Mark desapareció. No, antes. Lo que dijo... y... y... su voz...

Entonces, esas tres palabras comenzaron a hacer eco en mi cabeza.

"Se la entregué"

Lo recuerdo perfectamente, ese instante. No podría olvidarlo. Quedó grabado en mi mente.
Recuerdo perfectamente la voz con la que Mark dijo sus tres últimas palabras. Y estoy segura que esa voz no era la de él.

"Si... hasta su mirada, su expresión. Todo era distinto. Ese no era Mark. Pero entonces ¿quién era? Y si ese no era Mark ¿Significará entonces que Mark sigue vivo? Entonces quizá-"

Al igual que mi respiración fue interrumpida por aquel "tac", mis pensamientos fueron interrumpidos también. Pero no me interrumpió un "tac" ni tampoco una voz. Esta vez fue un sonido de algo rompiéndose, como si rompieran una ventana en mil pedazos.

Definitivamente muchas cosas estaban ocurriendo del otro lado de la puerta, había demasiado ruido e inclusive una persona había hablado.

"..............ah"

"¡¿Por qué no simplemente entro y descubro que es lo que pasa?! ¡Es la única manera de saber! ¿Por qué sigo aquí? Ya debería haber entrado... Y..."

Me sentí dividida. Una parte de mi quería entrar a toda costa y descubrir que era lo que pasaba. Pero otra parte de mi me retraía, me alejaba de hacerlo, me hacía dudar.

"¡No me puedo trancar aquí! ¡Mark derrepente desapareció! ¡Mamá y papá no están! ¡Y yo estoy sentada aquí! Paralizada como una tonta, ¡escuchando ruidos y suponiendo cosas!

Una de mis mitades. La parte valiente, presionaba y presionaba cada vez más. Poco a poco fui perdiendo el miedo que me paralizaba, el miedo que me hacía ceder. Mi otra mitad sucumbía ante mi repentina bravura.

"¡Sí! ¡Es cierto! No debo dudar. De seguro todo esto es falso, ¡debe haber una explicación! ¡Y detrás de esta puerta hay una respuesta! Quizá..."

Con valentía abrí la puerta de golpe. Estaba decidida a enfrentar lo que fuera. Ya no me importaba nada.


"..............................................................................."


Toda esa fuerza, toda esa valentía, toda esa energía había sido drenada de mi cuerpo en un instante. No quedó rastro alguno de mi reciente bravura.



Solo estupefacción...




F. Velvet

Capítulo I - Parte I

Estaba agitada, mi respiración era fuerte y veloz. No solo era porque había corrido demasiado, sino que al ver "eso" me había sentido horrorizada, y mi cuerpo había entrado en un estado de tensión muy alto. Con solo recordar ese momento, un sentimiento de intranquilidad me invadía y era como sentir que aquel ser me estaba observando desde algún punto ciego para mi. Cerré los ojos por unos minutos, tratando de tranquilizarme y hacerme creer que lo que recién había ocurrido había sido una ilusión, una pesadilla, un mal sueño. Buscaba cualquier excusa para creer que lo que había visto no era real.


"De todos modos, ya está, ya no estoy más ahí, no estoy en peligro, estoy en casa. Sí, estoy en casa, sana y salva y eso es lo que importa."


Fueron estos pensamientos los que me hicieron volver de mi estado de shock. Entonces, inmediatamente me di la vuelta para ver si "él" estaba conmigo.

-¡Mark! - exclamé al ver a mi hermano a unos pasos de mi, se encontraba dandome la espalda, pero al parecer estaba sano y salvo - ¿Te encuentras bien?

No hubo respuesta.

-¡Mark!¡Mark! - precipitadamente me acerqué y agité su brazo, forzándolo a darse vuelta.

Mark estaba raro... Su mirada podría describirse como vacía, miraba a un punto fijo y al mismo tiempo él temblaba. Parecía como poseído, pero de seguro esta pasando por lo mismo que yo hace un rato. De seguro yo también me veía así apenas llegué a mi casa, incapaz de moverme, pensando en todo lo que había ocurrido.

-Mark, yo...

-¡¿Qué?! ¡¿Qué pasó?! - me interrumpió él sobresaltandose.

Mark tenía los ojos muy abiertos y temblaba, sus ojos eran imposibles de seguir de lo rápido que se movían de un lado a otro. Estaba muy nervioso y parecía sentirse observado emitiendo gritos y gemidos ahogados.
Comencé a asustarme, al parecer Mark había entrado en un estado de paranoia o algo así. No se me ocurría nada apropiado para decir en ese momento, nada que pudiese aliviar su estado actual. Solo me limitaba a observar. ¿Acaso el también vio algo que lo dejó en shock? No, no en shock... En ese estado paranoico... Mark se vio mucho más afectado que yo por el suceso reciente, pero estoy segura de que el no vio lo que yo vi, o al menos, que yo sepa el no estaba a mi lado cuando vi "eso". Quisiera preguntarle que es lo que vio... Pero estaba corta de palabras... no se me ocurría que decirle. Ambos temores: el que me provocaba su paranoia y el hecho de llegar a decir algo que empeore la situación me imposibilitaban emitir palabra alguna.

Entonces él habló...

-Yo... eso... no... ¡No te me acerques! ¡No te lleves mi...!

Sin cambiar su apariencia y estado dijo esas palabras, y se detuvo ahí.

La duda afloró mi mente, sentía que debía de tomar una decisión rápida, aunque no sabía que hacer exactamente.

"¿A qué se refería? No entiendo... ¿Debería preguntarle? Tengo miedo... quizá sea peor... Pero... tengo que saber... ¡Quiero ayudar a Mark! Debo..."

-¿Qué Mark? - pregunté con temor - ¿Qué fue lo qué pasó? ¿Qué fue lo que viste?

Él respondió enseguida.

- E... eso...

Pude notar que su voz se volvía mas agitada a medida que intentaba hablar y el temblor se hizo mucho mas evidente. Sus pupilas se dilataron repentinamente y su expresión estaba llena de miedo y pavor.
Entonces, él continuó

- ¡Quería mi sangre! ¡Sí! Y yo...

Por unos segundos el silencio invadió la habitación. Mark se detuvo en seco, su temblor repentinamente desapareció y sus pupilas volvieron a su forma común. Entonces, rápidamente clavó sus mirada en mis ojos. Su expresión había cambiado totalmente. Parecía haber vuelto a la normalidad, pero... Había algo que no estaba bien. Sentí como si la persona que me estaba mirando en ese momento era alguien más, alguien que no era mi hermano.


- Se la entregué


Todo pasó en un instante. La mirada maligna, la mueca sonriente, la voz de alguien más... Y un estallido. Todo eso... Ocurrió como en un abrir y cerrar de ojos. Después de decir esas palabras, Mark desapareció... En realidad, podría decir que había sido pulverizado, liberando un ruido muy intenso, como si le hubieran puesto una bomba dentro de su cuerpo que al explotar ni siquiera dejo rastro de que algo había estado ahí, se llevó todo consigo. Ni siquiera cenizas quedaban... Nada... La única persona que estaba ahí parada era yo y nadie más. No había rastro de que una segunda persona había estado allí alguna vez.

-¡NO! ¡MARK! - grité, grité y grité aun más su nombre, no pude evitar romper en llanto.

Ya no quería estar parada allí, ya no sabía ni en donde quería estar. Así que me fui. Corrí. Me alejé de ahí. Gritando, sollozando, sufriendo. Necesitaba ayuda.

-¡Mamá! ¡Papá! ¡¿En dónde están?!

Corrí desesperadamente por la gran casa de dos pisos, buscandolos a ellos. Ambos, mi padre y mi madre siempre fueron personas que estuvieron conmigo en todo momento. Siempre me apoyaron, siempre me animaron, siempre estuvieron a mi lado. En este momento los necesitaba. Estaba asustada y muy triste, necesitaba a alguien. Necesitaba a mis padres, eran los únicos que ahora mismo realmente podían ayudarme. Los únicos que quiza, podían hacerme despertar de esta pesadilla.

Me detuve en seco. En ese lugar en específico. Pero no fue porque derrepente decidí hacerlo, sino que algo me hizo hacerlo. Oí algo. Un ruido. Un susurro. A mi derecha. ¿Qué hay?

Me giré hacia esa dirección y me encontre con una puerta entrecerrada. Despues de eso, no moví ni un músculo. Me quedé ahí, parada, en silencio. Oyendo solo el sonido de mi respiración. Definitivamente, el ruido provinó desde aquí. Pero aun no entendía bien que clase de ruido había sido. Solo oí algo. Lo que sea que haya sido viajó desde el otro lado de la puerta y llegó a mis oídos. Solo ese ruido sabía que había del otro lado. Aquella onda sonora murió al llegar a mi oído, sabiendo que ocurria detrás de esa puerta. La puerta que daba a la habitación de mis padres.

"Inhalo... exhalo... Inhalo... exhalo... Inhalo... ex-"


"...................................................."



F. Velvet

miércoles 23 de junio de 2010

Prólogo


Este es el comienzo de la historia que planeo convertir en un libro en un futuro. Recuerden que esto es solo un fragmento así que no pasará del Capítulo I. Te recomiendo leer este tema si tienes dudas al respecto de esto.
Es posible que incluso mientras este creando, corrigiendo y revisando la historia decida realizar cambios. Así que lo que vaya a hacer puede terminar en algo totalmente distinto. No puedo decir que pasará ni que no pasará, solo dejaré que la inspiración me deje llevar. Así que se puede decir que esto es solo un borrador.


Espero que lo disfruten, realmente me gusta que lean lo que escribo. 
Se agradecen las criticas constructivas. Ya que me ayudan a mejorar cada día y a perfeccionar la manera en que escribo.

•  •  •

La puerta de la casa se abrió lentamente emitiendo un pequeño chirrido. La habitación era cálida, iluminada y espaciosa. En ella, había una grande, larga y sofisticada mesa cubierta por un fino y blanco mantel rodeada de sillas barnizadas de color café. Detrás de estás, había muebles y estanterías con vasos, platos, adornos y fotos ordenados de una manera casi perfecta. Más a la izquierda de la mesa, un poco más lejos, había un largo sofá y en frente de este una tele muy grande. Entre medio de la tele y el sofá había una sencilla mesa ratona con un adorno floral en el centro. Pero lo que más resaltaba de ese lugar, era el largo ventanal detrás del sofá, que mostraba claramente la oscura calle siendo iluminada por los débiles focos de luz en las veredas.
La habitación parecía dividida en dos, como si fuera un comedor y un living al mismo tiempo. Incluso había una puerta que parecía dividir ambos espacios.

Este era el lugar favorito de ella, siempre lo fue. El lugar en dónde come con su familia y a su vez donde comparte con ellos una película, o un programa, o simplemente una larga y feliz charla de familia. Aun así, hoy ella no estaba feliz. Hoy, esta habitación no le producía el placer habitual.
Se fijó en el reloj, eran las siete de la noche, hoy había sido un día agotador en el liceo. Habitualmente lo es, ya que estos días ella siempre vuelve a esta hora, pero hoy… Hoy su ánimo no era el de siempre. Pero era porque hoy, era un día algo “especial”.

La chica dejó su mochila sobre el sofá, levantó su amplia falda de tela blanca nieve y se sentó. Cerró los ojos, juntó sus manos y las apoyó en su pecho, el cual estaba cubierto por un corsé negro anudado por un fino cordón blanco. Por encima de este, lucía su corto vestido blanco de mangas largas.
Inmediatamente, sin que se lo esperara, su madre cruzó la puerta que daba al interior de la sala y vino a recibirla.

- ¿Cómo estas hija? ¿Cómo te ha ido en la escuela hoy? Has vuelto tarde. Siempre vuelves tarde estos días. Quizá deba ir a hablar al instituto para que cambien tu horario.

- No, madre no te preocupes – respondió ella – El horario está bien así, ya me he acostumbrado.

- Está bien. Pero ten cuidado, nunca sabes que puede pasar.

Hubo una pausa repentina. Por un momento ninguna de las dos dijo nada, quizá, la madre de la niña estaba esperando que ella le dijera algo más. Fue entonces cuando la madre se dio cuenta de que algo no andaba bien, así que decidió preguntarle.

- ¿Te pasa algo hija?

Con una mirada algo triste y perdida, ella contestó.

- Mamá, hoy es 10 de septiembre.

Por unos segundos su madre no entendió a lo que su hija se refería, pero poco después se dio cuenta y su expresión cambió completamente. Como si hubiera recordado algo que hasta el momento había ignorado. Su rostro se transformó en una mezcla de preocupación y lástima, pero no tardó en disfrazar estas emociones con una apariencia comprensiva.

- Hija…

- Tengo que ir mamá – dijo ella rápidamente – No importa si es tarde, debo ir. Hoy… hoy es ya un…

- Entiendo, no te preocupes, puedes ir.

Su madre tuvo que interrumpirla porque sabía que si su hija seguía hablando era muy posible que comenzara a llorar.
En eso, el padre de la chica entra a la habitación. Sorprendido por la tensa situación, no comprende lo que ocurre, pero rápidamente y sin que su hija se de cuenta la madre le explica lo que pasa susurrandole unas palabras al oído.

La niña miró a sus dos padres.

- Papá… Mamá…

Ella se paró y ambos supieron que hacer. Abrazaron a su hija con todo el amor y comprensión que podían darle. Intentaron todo lo que estuviera a su alcance por hacerla sentir mejor.
Los ojos de la chica se humedecieron y una lágrima recorrió su mejilla. Segundos después se soltaron y su padre se le acercó y le preguntó lo siguiente.

- ¿Quieres que vayamos contigo?

- No – respondió ella – Lo siento, prefiero ir sola.

- Entiendo.

- ¡Pero espera! – intervino su madre – Es peligroso afuera a estas horas, no puedes ir sola. Por favor, deja al menos que tu hermano te acompañe.

La chica dudó un poco. Pero finalmente aceptó cumplir la petición de su madre.

- Está bien. Díganle a Mark que se prepare. Planeo irme ahora.

En eso, casi instantáneamente, la puerta se abre por tercera vez. Y un chico cruza el umbral. Era alto y vestía una camisa y pantalones oscuros los cuales combinaban con su negro cabello idéntico al de la chica, su hermana.

- Vayamos, hermana – dijo él extendiéndole su mano.

- ¡Mark! – exclamó ella.

La chica se sorprendió por la aparición repentina de su hermano. Al parecer él ya sabía lo que ocurría y estaba dispuesto a ayudarla. Ella agarró su mano, se levantó del sofá y lo abrazó.

- Cuídense. Y por favor, no tarden – dijo su madre preocupada.

- Descuida, volveremos pronto – respondió Mark.

Una pequeña sonrisa se había asomado en el rostro de la niña. Ella soltó a su hermano y aun agarrándolo de la mano se dirigió hacia la puerta de salida.

- Muchas gracias. Gracias a los tres. Gracias por siempre estar para mí – dijo ella un tanto emocionada, pareciese como si fuera a derramar una lágrima de nuevo.

- No tienes por qué agradecer, hija – dijo su padre con una cálida sonrisa – Siempre estaremos para ti, apoyándote en todo.

- Te amamos – agregó su madre, aun preocupada, pero feliz.

- No hay de que. Sabes que puedes contar conmigo hermana – le dijo su hermano cálidamente.

- Los quiero mucho a todos. Muchas gracias por existir – dijo ella finalmente derramando otra lágrima.

Dichas estas palabras, su hermano le abrió la puerta de salida y ella salió hacia afuera. Ambos comenzaron a caminar por las oscuras calles de aquel prestigiado vecindario y poco tiempo después las figuras de la doncella blanca y negra y su escolta se perdieron en la oscuridad de la noche.

Gracias a Roxan-ax y a Allyenah por editar la imágen

F. Velvet