Singingbox: Zts - Deadangle
Me encuentro en el living de mi casa, es de noche pero las luces están prendidas. Frente a mí habían algunas personas, creo que son mi familia. Pero... algo no está bien, tengo una sensación, siento que todo es volátil, parecen espejismos a punto de desvanecerse. Todo es tan confuso, no puedo siquiera decir con certeza si son ellos o no.
De pronto oí un murmullo, un balbuseo; no entendí que es lo que quisieron decirme.
¿Qué?
De repente las luces se apagaron, la oscuridad se tragó todo, incluso a la seguridad. Pero no duró mucho, por suerte no lo suficiente, ya que segundos después la iluminación se esforzó por volver y lo logró. Aun así había algo que no estaba bien... aquí hay algo raro, dejame ver...
No hay nadie.
Desaparecieron. Sus cuerpos ya no estaban ahí, ¿a donde habían ido? Quizá estaba alucinando... No podría decir que realmente ellos estuvieron parados ahí, ni siquiera pude sentirlos como seres vivientes o corporeos, ¿por qué?
Miré a mi alrededor, en la sala había una enorme ventana en la pared, no era ancha pero si muy larga. Detrás de esa ventana solo había oscuridad. Mirar a través de ella por mucho tiempo daba escalofríos y hacía nacer la idea de que alguien estaba observandote mientras no te dabas cuenta.
¿Darle la espalda? No se si sería algo peor... Si haces eso sientes que algo vendrá y te llevará a las sombras sin que tengas tiempo de reaccionar, el escalofrío era el mismo, el miedo era casi igual: mirar o no mirar ¿cual era al fin la diferencia? Poder ver o no al secuestrador que se aparecería en algún momento de entre las sombras, el resultado sería el mismo: me atraparía.
¿Esconderme? Si pudiera ya lo habría hecho. No puedo salir de esta habitación, porque...
Es el único lugar de la casa que está iluminado.
La luz me protege, la luz me da seguridad. Me permite moverme, me permite ser libre, me permite ver y elegir. Pero ahora mismo, la luz es también un elemento delator. ¿Como sabría el secuestrador camuflado entre la sombras que yo estoy aquí si la luz no le dejara ver mi cuerpo? Ambos... el cazador y la víctima tenemos ventajas y desventajas. Ambas... la luz y la oscuridad tienen ventajas y desventajas.
Pero en esta situación no tengo la ventaja suficiente.
Es una lástima que todo sea tan relativo, si estas características fueran un hecho estático o invariable, tanto yo como el cazador tendríamos las mismas ventajas y posibilidades, estaríamos en equilibrio y estaríamos "jugando" de manera justa.
No puedo esconderme, no hay ningún lugar en está sala iluminada que funcione como un escondite medianamente suficiente. Además ¿de qué serviría esconderse si el cazador ve donde te escondes?
No me adentraré en las otras habitaciones, ahora mismo hacer eso significa la muerte, significa lanzarme a los brazos del secuestrador. Me encontraría en un estado de debilidad y suceptibilidad completa, sin la más mínima posibilidad de defenderme. Salir de la casa significaría lo mismo.
Me tiene en sus manos.
Seguramente este disfrutando este momento, seguramente le encanta sentir mi desesperación mental, mi patética reflexión de la situación en la que me encuentro, buscando caminos donde no hay. El cazador comanda el reino de las sombras, en donde vive y acecha. Está esperando el momento en el que esto ya no le parezca divertido para atacar.
Parálisis.
Estoy encerrado en esta habitación, sin ninguna posibilidad de escape, sin ningún lugar donde esconderme. Completamente expuesto al persecutor. Cualquier movimiento sería sumamente inútil, así que ¿por qué debería molestarme? De todos modos, creo que aunque valiera la pena hacerlo no lo habría hecho, la oscuridad que me rodea me paraliza en esta habitación y limita mis movimientos. Pero a estas alturas... ya siento que no puedo moverme, solo puedo pensar.
Pronto se acabará, seguro que ya le estoy aburriendo. Seguro que atacará en cualquier momento. Ya es hora, es hora de hacer un viaje. Un viaje al cual no puedo evitar asistir. Podría decir que no quiero ir, pero no depende de mi voluntad. Nada en este momento depende de mi voluntad.
Antes de desaparecer, quisiera hacer una última cosa, quisiera decir que-
...
A esta altura ya siento que no puedo pensar.
N o v e o n a d a
F. Velvet
miércoles 29 de septiembre de 2010
miércoles 1 de septiembre de 2010
Sueño 4 - Existencia
Al caminar por un sendero rodeado de árboles que parecían haber comenzado a recuperarse del invierno hace poco, me di cuenta de que claramente podía ver el cielo, ya que las pocas hojas que habían comenzado a nacer no eran suficientes como para crear ese muro divisor. ¿Qué es lo que las hojas dividían de todos modos? La agrupación de árboles bloquea la luz. ¿Qué hay debajo de la luz? Ahora estoy yo, pero la luz está conmigo. ¿Y si la luz no estuviese? Me pregunto por qué los árboles parecen empeñarse en impedir el pasaje de la luz.
En mi camino, pude ver que más lejos había un claro. Me pareció algo tan extraño que casi como impulsivamente fui corriendo hacia él. ¿Por qué? ¿Acaso tenía miedo de que las hojas crecieran y me sumieran en la oscuridad? Aaah… Este tonto autoanálisis de mis acciones y pensamientos que me hago a mi mismo en cada instante de mi vida está comenzando a cansarme.
Aun así no entiendo, no entiendo por qué corrí hasta ahí.
Me detuve abruptamente y me encontré con lo que creía que me encontraría. Los árboles formaban las paredes de este claro que parecía adoptar la forma de un cilindro, el cual a su vez parecía una cúpula por la inclinación particular de los árboles hacía el centro. El lugar estaba más iluminado que los senderos por los que yo había estado andando, aún así la diferencia no era grande.
Durante mi observación del ambiente, descubrí algo muy particular, algo que no me esperaba: una banca, una niña, una mujer. ¿Personas? ¿Aquí? De todos modos, ¿por qué me extraño de verlas? Debería ser algo normal. Tantas cosas deberían “ser algo normal”, ¿por qué sigo cuestionándome todo? Ahora mismo, todo parece anormal y desconocido.
- …
Sentí algo. Algo... frío. Algo interrumpió mis pensamientos. No oí nada, fue solo una sensación. Aunque a su vez, sentí como si me hubieran llamado, pero era imposible, en este mundo no ha habido sonido alguno más que el de mis pasos. ¿Qué es lo que me hace sentir esto? Creo… creo que lo sé.
No tenía idea, pero mi cuerpo en otra de sus reacciones que no pude controlar se giró y se cruzó con la fría mirada de la mujer. Ella estaba vestida completamente de negro, su pelo era lacio y castaño claro, aunque el reflejo de la luz hacía que sus cabellos parecieran rizos de color dorado. Sus facciones delicadas y suaves contrastaban con su expresión. Sus ojos inspiraban una frialdad capaz de congelar hasta el más cálido individuo, esos ojos eran capaces de lograr que en mi espina corriera una sensación más gélida que cualquiera de los fríos que he tenido que soportar en mi vida. Su mirada era como un arma paralizadora.
No me moví, pero miré hacia otro lado. Y fue en ese instante en el que pude apreciar las características de la niña que la acompañaba: no parecía tener más de diez años, su pelo era una mezcla de naranja con castaño, su ropa consistía en un corto vestido negro y rosado, cuya falda oscura llegaba hasta la altura de sus rodillas. Su calzado llamaba la atención, debido a que sus zapatillas de color rojo intenso contrastaban con los colores de su vestido. No pude ver su rostro, debido a que ella estaba casi como dándome la espalda, pero pude ver lo que ellas hacían. En realidad, la niña no movía ni un músculo, casi que parecía no respirar. Su madre tenía un cepillo en su mano y con este peinaba los cabellos de la pequeña.
Pero, de repente, ella se detuvo. Y en un instante, el cepillo cayó al suelo, emitiendo un sonido que parecía ser lo más fuerte que había oído en mi vida. La mujer seguía mirándome fijamente, a pesar de que no la estaba mirando a los ojos sabía que ella seguía perforando mi cuerpo con su mirada.
Otra vez, sufrí de otro impulso involuntario, algo que no quería hacer. Aun evitando su mirada corrí y me adentré en el bosque nuevamente. Corrí y corrí, pero cuando al parecer pude escucharme a mi mismo por primera vez, me quedé quieto. Un montón de preguntas comenzaron a asaltar mi mente, un montón de por qués que posiblemente no obtendrían respuesta. Comenzaba nuevamente, este raro análisis de mis actitudes que no podía entender, parecía algo inmediato, algo que no podía evitar. Me limitaba a suspender este impulso, pero a la larga era difícil mantener la postura que deseaba.
Me dí media vuelta. No había corrido tanto como creí, podía ver parte del claro desde donde estaba parado. Enseguida, otro de mis impulsos me obligó a tratar de discernir entre los troncos de los árboles y la maleza, a las dos personas con las que me había encontrado hace unos segundos. Intenté buscar una posición entre los árboles que me dejara ver el punto del claro que deseaba: arriba, abajo, a la derecha, a la izquierda, salté, me agaché… Pareciese como si de este lado del bosque los troncos fueran más numerosos y la maleza fuese más voluminosa.
De repente, en el medio de mi búsqueda me pareció ver la banca. Fue como un flash, algo repentino y efímero, ni siquiera estaba seguro de que quizá lo que había visto fuera verdad. Traté de encontrar la posición que había tomado en ese momento, pero esta vez me moví más lentamente, así podría detenerme en el instante en el que divisara la banca, la niña o la mujer.
Súbitamente me detuve. Permanecí quieto, tieso, como congelado en el tiempo. El mínimo movimiento lo arruinaría todo. Con mis ojos, a una distancia no muy lejana, pude ver la banca entre los troncos de los árboles, pero, no había nadie sentado en ella.
El cuestionamiento empujó con toda su fuerza y rompió la barrera. Inevitablemente, el número de dudas existenciales y preguntas metafísicas se incrementó desmesuradamente. Ya no podía establecer un control, ya no podía creer en nada. No podía reprimir esta parte de mí. No me entiendo. ¿Cómo…?
Mi cuestionamiento y mis dudas sin respuesta atacaban a la realidad y la destruían, lo único que podía existir era aquello que pudiera justificar su existencia de manera válida y consistente. ¿Por qué…? ¡¿Por qué?!
Todo se rompe.
Todo se cae, se destroza, desaparece, se desintegra.
Implota, explota, nace, muere, renace y muere de nuevo.
Nada es real.
Nada es real en el momento en el que su existencia no puede ser comprobada. No encuentro un argumento, no encuentro respuestas a las preguntas, al cuestionamiento proveniente de mi mente que destruye todo sin piedad. ¿Es qué acaso no puedes aceptar las cosas como son?
Mentira, no te engañes. Tus propias acciones son involuntarias, no tienes el debido control sobre ti mismo, no eres libre, eres un esclavo de tus impulsos. Ni siquiera crees en ti mismo.
No crees. Ese no eres tú, este no es tu mundo, esta no es tu vida.
Comprueba tu existencia y recibe el don de ser.
Recibe la condena de pensar y no poder actuar.
Recibe la condena de recordar y no poder vivir.
No podrás salir del eterno mundo fantástico hasta que lo conviertas en algo real.
En mi camino, pude ver que más lejos había un claro. Me pareció algo tan extraño que casi como impulsivamente fui corriendo hacia él. ¿Por qué? ¿Acaso tenía miedo de que las hojas crecieran y me sumieran en la oscuridad? Aaah… Este tonto autoanálisis de mis acciones y pensamientos que me hago a mi mismo en cada instante de mi vida está comenzando a cansarme.
Aun así no entiendo, no entiendo por qué corrí hasta ahí.
Me detuve abruptamente y me encontré con lo que creía que me encontraría. Los árboles formaban las paredes de este claro que parecía adoptar la forma de un cilindro, el cual a su vez parecía una cúpula por la inclinación particular de los árboles hacía el centro. El lugar estaba más iluminado que los senderos por los que yo había estado andando, aún así la diferencia no era grande.
Durante mi observación del ambiente, descubrí algo muy particular, algo que no me esperaba: una banca, una niña, una mujer. ¿Personas? ¿Aquí? De todos modos, ¿por qué me extraño de verlas? Debería ser algo normal. Tantas cosas deberían “ser algo normal”, ¿por qué sigo cuestionándome todo? Ahora mismo, todo parece anormal y desconocido.
- …
Sentí algo. Algo... frío. Algo interrumpió mis pensamientos. No oí nada, fue solo una sensación. Aunque a su vez, sentí como si me hubieran llamado, pero era imposible, en este mundo no ha habido sonido alguno más que el de mis pasos. ¿Qué es lo que me hace sentir esto? Creo… creo que lo sé.
No tenía idea, pero mi cuerpo en otra de sus reacciones que no pude controlar se giró y se cruzó con la fría mirada de la mujer. Ella estaba vestida completamente de negro, su pelo era lacio y castaño claro, aunque el reflejo de la luz hacía que sus cabellos parecieran rizos de color dorado. Sus facciones delicadas y suaves contrastaban con su expresión. Sus ojos inspiraban una frialdad capaz de congelar hasta el más cálido individuo, esos ojos eran capaces de lograr que en mi espina corriera una sensación más gélida que cualquiera de los fríos que he tenido que soportar en mi vida. Su mirada era como un arma paralizadora.
No me moví, pero miré hacia otro lado. Y fue en ese instante en el que pude apreciar las características de la niña que la acompañaba: no parecía tener más de diez años, su pelo era una mezcla de naranja con castaño, su ropa consistía en un corto vestido negro y rosado, cuya falda oscura llegaba hasta la altura de sus rodillas. Su calzado llamaba la atención, debido a que sus zapatillas de color rojo intenso contrastaban con los colores de su vestido. No pude ver su rostro, debido a que ella estaba casi como dándome la espalda, pero pude ver lo que ellas hacían. En realidad, la niña no movía ni un músculo, casi que parecía no respirar. Su madre tenía un cepillo en su mano y con este peinaba los cabellos de la pequeña.
Pero, de repente, ella se detuvo. Y en un instante, el cepillo cayó al suelo, emitiendo un sonido que parecía ser lo más fuerte que había oído en mi vida. La mujer seguía mirándome fijamente, a pesar de que no la estaba mirando a los ojos sabía que ella seguía perforando mi cuerpo con su mirada.
Otra vez, sufrí de otro impulso involuntario, algo que no quería hacer. Aun evitando su mirada corrí y me adentré en el bosque nuevamente. Corrí y corrí, pero cuando al parecer pude escucharme a mi mismo por primera vez, me quedé quieto. Un montón de preguntas comenzaron a asaltar mi mente, un montón de por qués que posiblemente no obtendrían respuesta. Comenzaba nuevamente, este raro análisis de mis actitudes que no podía entender, parecía algo inmediato, algo que no podía evitar. Me limitaba a suspender este impulso, pero a la larga era difícil mantener la postura que deseaba.
Me dí media vuelta. No había corrido tanto como creí, podía ver parte del claro desde donde estaba parado. Enseguida, otro de mis impulsos me obligó a tratar de discernir entre los troncos de los árboles y la maleza, a las dos personas con las que me había encontrado hace unos segundos. Intenté buscar una posición entre los árboles que me dejara ver el punto del claro que deseaba: arriba, abajo, a la derecha, a la izquierda, salté, me agaché… Pareciese como si de este lado del bosque los troncos fueran más numerosos y la maleza fuese más voluminosa.
De repente, en el medio de mi búsqueda me pareció ver la banca. Fue como un flash, algo repentino y efímero, ni siquiera estaba seguro de que quizá lo que había visto fuera verdad. Traté de encontrar la posición que había tomado en ese momento, pero esta vez me moví más lentamente, así podría detenerme en el instante en el que divisara la banca, la niña o la mujer.
Súbitamente me detuve. Permanecí quieto, tieso, como congelado en el tiempo. El mínimo movimiento lo arruinaría todo. Con mis ojos, a una distancia no muy lejana, pude ver la banca entre los troncos de los árboles, pero, no había nadie sentado en ella.
El cuestionamiento empujó con toda su fuerza y rompió la barrera. Inevitablemente, el número de dudas existenciales y preguntas metafísicas se incrementó desmesuradamente. Ya no podía establecer un control, ya no podía creer en nada. No podía reprimir esta parte de mí. No me entiendo. ¿Cómo…?
Mi cuestionamiento y mis dudas sin respuesta atacaban a la realidad y la destruían, lo único que podía existir era aquello que pudiera justificar su existencia de manera válida y consistente. ¿Por qué…? ¡¿Por qué?!
Todo se rompe.
Todo se cae, se destroza, desaparece, se desintegra.
Implota, explota, nace, muere, renace y muere de nuevo.
Nada es real.
Nada es real en el momento en el que su existencia no puede ser comprobada. No encuentro un argumento, no encuentro respuestas a las preguntas, al cuestionamiento proveniente de mi mente que destruye todo sin piedad. ¿Es qué acaso no puedes aceptar las cosas como son?
Mentira, no te engañes. Tus propias acciones son involuntarias, no tienes el debido control sobre ti mismo, no eres libre, eres un esclavo de tus impulsos. Ni siquiera crees en ti mismo.
No crees. Ese no eres tú, este no es tu mundo, esta no es tu vida.
Comprueba tu existencia y recibe el don de ser.
Recibe la condena de pensar y no poder actuar.
Recibe la condena de recordar y no poder vivir.
No podrás salir del eterno mundo fantástico hasta que lo conviertas en algo real.
F. Velvet
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