miércoles 29 de junio de 2011

Frígido

- Es increíble que usted haya caído presa de una enfermedad mortal siendo tan joven.

- Improbable pero posible, y me ha tocado sufrirlo, desgraciadamente.

- Su pérdida le hará gran falta a nuestra familia.

- ¿Habla en serio?

- No tengo ninguna duda, usted ha sabido realizar sus tareas de manera eficiente e inequivoca.

- Gracias, señora, no esperaba ser honrado por tales palabras de su parte. Aunque...

El enfermo titubeó. Enseguida se obligó a si mismo a cerrar la boca, retractándose.

- ¿Qué es lo que quiere decirme? - insistió la dama.

Silencio.

- Espero que su sufrimiento termine pronto y ojalá usted tenga una muerte pacífica. Me retiro, y le agradezco por todos estos años de servicio, ojalá le sea compensado de alguna manera en el mundo nuevo.

La dama se dio media vuelta, dispuesta a dejar la habitación.

- ¡No se vaya! - exclamó el enfermo.

- ¿Qué quiere? - preguntó ella aún dándole la espalda.

- ¿Eso es todo lo que usted tiene para decirme?

- Sí.

La dama reanudó su camino hacia la salida de la habitación. Aunque tuvo que detenerse nuevamente.

- No se vaya. Antes de morir, necesito confesarle algo.

- ¿Qué sería? 

- ¿Puede usted mirarme? Solo así podría decírselo.

Lentamente ella se dio media vuelta y lo miró fijamente a los ojos. Su rostro carecía de expresión alguna.

- Creo que nuestra asimetría social no tiene relevancia en este momento, podríamos mostrarnos el uno al otro como personas, ajenas a las etiquetas que la vida nos ha dado. Al menos ahora que estamos solos, deberíamos darnos una oportunidad de salirnos de nuestros personajes, de lo que la vida nos ha obligado a ser, para que en estos últimos momentos podramos mostrarnos como realmente somos. Quisiera confesarle, señora, que por usted siento cosas que nunca he sentido por ninguna otra mujer. Siempre me he visto limitado por mi posición social y siempre juré respetar aquello que nos separaba, pero ahora... ahora que mi vida está por terminar, solamente quisiera develar estos deseos que han permanecido escondidos por tantos años. Por favor, despójese de su etiqueta, su rol, su personaje... solo por estos instantes, y muestreme que es lo que hay en su interior.

La dama no respondió.

- Señora... - comenzó él -. Se que estoy cometiendo un grave error. Pero no puede negarme que es cierto, que en este instante no hay nadie que pueda juzgarnos por lo que somos o por lo que decimos, nadie puede limitarnos, al menos no ahora mismo. Quisiera decirle...

El enfermó calló abruptamente.


- Continue, por favor.

Las cortas y secas palabras de la dama intentaban animar al enfermo a terminar de decirlo todo.

- Debo decirle que... que... yo...

- ¿Por qué duda tanto? - le interrumpió ella con impaciencia.

- Perdóneme.

- ¿Lo dirá?

Él enfermo se sentó con la espalda erguida y la miró fijamente a los ojos.

- La amo, señora, en el más puro sentido de la palabra.

Durante unos segundos no hubo más que silencio. Las palabras del enfermo parecían hacer un eco silencioso en la habitación y también dentro de los oídos de la mujer. Durante esos segundos, el mundo pareció haberse detenido en seco. Pero el encantamiento debía terminar, la dama de hielo le dio su fin.

- ¿Eso es todo lo que tiene para decirme?

El enfermo se quedó sin palabras. No creyó que el corazón de la dama fuera tan frío e indiferente. Aún así, se esforzó por no demostrar su desilusión.

- Permítame preguntarle algo - añadió ella.

- Lo que usted desee.

No sabía por qué, pero repentinamente el enfermo sintió algo en su interior. ¿Acaso era esa sensación el cosquilleo que la esperanza ocasiona en los desgraciados?

- ¿Qué es el amor?

- ¿E... el amor, señora? - el enfermo no pudo evitar mostrar su sorpresa ante la pregunta que se le había realizado -. El amor... es algo que no tiene una definición concreta. El amor es para cada persona algo distinto, es un concepto muy amplio, cada uno le otorga el significado que sienta adecuado.

- ¿Es así...? ¿Simplemente una palabra carente de concepto? Pero, explíqueme, ¿es el amor algo importante?

- Señora... ¿acaso usted nunca escuchó en su vida acerca del amor?

- Le agradecería que no respondiera con preguntas, por favor.

- Discúlpeme - se aclaró la garganta y luego continuó -. El amor es algo muy importante en este mundo, ya que es uno de los principales elementos que lo componen. Es algo muy poderoso que se siente hacia otra persona, y es una palabra que no debe ser usada sin realmente tener en cuenta todo lo que vale.

- ¿Algo muy poderoso? ¿Algo que se siente hacia otra persona? ¿Algo de gran valor? Y a su vez también... ¿el amor puede ser lo que yo desee? ¿puede adquirir la forma que yo crea adecuada?

- Es algo difícil de explicar, señora, intente buscar en su interior, muy dentro de usted, ¿qué es lo que ve dentro de su corazón?

La dama cerró sus ojos y puso sus manos en su pecho. ¿De verdad había algo dentro de su gélido corazón? Meditó por unos minutos, los cuales el enfermo pacientemente esperó, sin mover un músculo.

Finalmente, ella abrió los ojos.

- Creo que debo decirle algo antes de que se vaya - dijo ella, su tono de voz sonaba un tanto suave, aquella inflexibilidad y rígidez que antes solía transmitir parecía haberse perdido.

- La escucho.


- Si considerarlo como una herramienta que ha logrado ser útil puede ser tenido en cuenta como un concepto válido, debo decírle que lo amo profundamente.

4 Mentiras:

Sotta dijo...

Velvet, debo decir que me gusta mucho el matiz de este relato. El color que le has dado es muy, muy interesante. Sin embargo, como te pasó a ti con uno de mis relatos, no puedo entender el final D: El último diálogo de la bella y fría dama me ha confundido bastante.
Saludos.

S. Fletcher dijo...

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA Me encantó :') ES HERMOSO no esperaba ese final che u.u

F. Velvet dijo...

Gracias a ambas por leer :3 Y me alegro que les haya gustado.

Sotta: En el final inesperado (y quizás un poco abrupto), vemos hasta donde llega la frialdad de la mujer. Como si en su cuerpo no existiera lugar para los sentimientos, no hay lugar para el amor. Tratando de ser considerada le hace caso al enfermo, quizás como si de alguna manera eso le pudiera conceder un último deseo antes de morir, en un intento de responderle lo hace de la manera en la que lo entiende.
En realidad no hay afecto ninguno por parte de la mujer, solo respeto y consideración por el pobre enfermo. Ella siempre lo vio como una herramienta útil, leal, eficiente; lo suficiente como para ganarse su respeto, pero no más que eso, ya que ella es incapaz de sentir algo más.

Sotta dijo...

Muchas gracias por la explicación Velvet *-* me quedó todo clarísimo c: