jueves 29 de septiembre de 2011

Y no quedó ninguno...

(Si está en tus planes leer "Diez Negritos" / "And Then There Were None" de Agatha Christie y no quieres que se te arruine la novela te recomiendo que no leas esto)

Vera Claythorne

  Vera experimentó un delicioso alivio.
  Su pesadilla desaparecía al fin. No tenía que temer más y sus nervios se tranquilizarían.
  Estaba sola en la isla. ¡Sola con nueve cadáveres...! ¡Qué le importaba! ¿No estaba ella viva?
  Sentada sobre las rocas disfrutaba de una felicidad absoluta. Una serenidad perfecta... ¡Nada que temer!

•  •  •
 Cuando el sol se puso, Vera se decidió a entrar en la casa. La reacción la había hasta entonces paralizado, pues todos sus pensamientos estaban concentrados en esa sensación reconfortante de seguridad...
  De momento sentía necesidad de comer y dormir. Deseaba sobre todo echarse sobre la cama y sumergirse en un profundo sueño... durante horas y horas.
  Mañana podrían venir en su socorro. Pero no se inquietaba, pues quería quedarse en la isla ahora que estaba sola.
  ¡Oh! ¡Como saboreaba esa paz tan deseada! Se levantó y volvió los ojos hacia la casa. ¡No tener miedo! Esta casa moderna y elegante no le inspiraba ya terror alguno. Unas cuantas horas antes no podía mirarla sin temblar.
  ¡El miedo! ¡Qué cosa más rara!
  Entre tanto, ella había dominado todos sus temores. Había triunfado. Gracias a su presencia de ánimo y a su sangre fría se volvieron los papeles anonadando al que amenazaba con arrebatar su vida.
  Vera se dirigió hacia la casa.
  Por accidente el cielo se estriaba en bandas rojas y anaranjadas. Todo en la Naturaleza respiraba belleza y paz.
  Vera pensaba:
  "¡Quizás esto no sea sino un mal sueño!"
  Se sentía cansada, terriblemente cansada. Le dolía el cuerpo; sus párpados se cerraban... no temer más a nadie... dormir... dormir... ¡oh! ¡Dormir!
  ¡Dormir tranquila, ya que estaba sola en la isla!
  "Un negrito se encontraba solo."
  Entró en la casa por la puerta principal. Todo está en calma. "Dudaría dormir en una casa donde en cada cuarto hay un cadáver." Pero ahora...
  ¿Iría ante todo a la cocina a comer algo? Dudó un instante y renunció. No podía, su cansancio era muy grande. Pero antes de subir entró en el comedor y vio tres negritos de porcelana que quedaban aún en el centro de la mesa.
  Se echó a reír diciendo:
  -Me parece que os habéis retrasado, mis pequeños amigos.
  Cogió dos y los tiró por el ventanal. Se rompieron en la terraza, y recogiendo el tercero le habló así:
  -Ven conmigo, pequeño. Hemos ganado la partida... ¡la hemos ganado!
  El vestíbulo no estaba iluminado más que por la débil luz del crepúsculo. Subió las escaleras despacio con el negrito en la mano. El cansancio entropecía sus pasos.

  Un negrito se encontró solo.

  ¿Cómo termina esa canción? ¡Ah; ya me acuerdo!

  Se casó y no quedó ninguno.

  ¡Casarse! ¡Qué raro! Tuvo nuevamente la impresión de que Hugo estaba en la sala... Sí, Hugo estaba allí, esperándola.
  "¡No seas tonta! ¡Estás fatigada! Tu cabeza ve visiones."
  Llegada a lo alto de la escalera, Vera dejó escapar de su mano un objeto cuya caída fue amortiguada por la espesa alfombra. No pensaba más que en el negrito que sujetaba entre sus dedos.
  Hugo la esperaba en su cuarto...

  Un negrito se encontró solo.

  ¿Qué decía, pues, la última línea de la canción de cuna? Se hablaba de matrimonio... No, esto no es aquello.
  Estaba ante la puerta de su propio dormitorio. Dentro la esperaría Hugo... estaba segura...
  Al abrir la puerta dio un grito de sorpresa.
  "¿Qué es lo que estaba colgando en el techo? Una cuerda con nudo corredizo preparado y una silla para subirse. ¡Una silla que se caería con un simple puntapié!... Era eso lo que quería Hugo."
  ¡Claro!, el final de la canción era:

  Y se fue a colgar y no quedó ninguno.

  El negrito de porcelana se le cayó de la mano sin darse cuenta. Vera avanzaba como un autómata. ¡Todo se iba a terminar!
  ¡En este mismo sitio en que una mano húmeda y helada (la mano de Cyril, naturalmente) le había rozado la garganta!

  Puedes nadar hasta las rocas, Cyril...

  ¡He ahí lo que fue un crimen! ¡Nada difícil!
  Pero enseguida tortura el remordimiento.
  Subió sobre la silla con los ojos bien abiertos y fijos como los de una sonámbula. Se pasó el nudo corredizo alrededor del cuello.
  "Hugo estaba esperando a que ella lo hiciese"
  Con un puntapié tiró la silla.


- "Diez Negritos" / "And Then There Were None" de Agatha Christie