Siempre nos hemos sentido más cómodos comunicándonos impersonalmente.
Lo más fuerte, lo más hermoso... todo ha ocurrido a través de un contacto impersonal.
Incluso ahora.
Somos desconocidos, no existe nada entre nosotros cuando nos vemos.
Pero cuando nos escondemos detrás de nuestras máscaras y nos hablamos mirando a la pared... todo vuelve, todo este tiempo. Reafirmamos aquello que dudabamos, nada se perdió.
Cuando nos quitamos nuestras máscaras e intentamos sostener la mirada sentimos una presión inmensa sobre nuestros cuerpos. ¿Será que nos sentimos suceptibles? Hay algo en el rostro del otro que nos impide seguir mirando, unos ojos que transmiten sentimientos, un rostro que en realidad está gritando para que el otro escuche cosas. Emociones y sentimientos que no se comunican, pero que yacen en nosotros constantemente y que arden cuando estamos cerca.
Tu rostro es un pasado imposible de sellar, una puerta a un mundo del que ahora ya no hay rastro alguno. La única prueba de que hubo cosas que de verdad fueron reales.
Este presente no entiende ese pasado y tampoco entiende cómo es posible que haya descendido de aquello. Me atrevería a decir que nosotros aún no lo entendemos y no sé si algún día lo entenderemos. Todo esto depende de muchas cosas.
No es cosa de ahora. Pero tampoco fue cosa del momento en el que nos conocimos. Hubo algo en el medio, vimos en el rostro del otro algo que no podríamos soportar, algo que acabaría con nosotros si sostuvieramos la mirada por más tiempo.
Vimos nuestros errores.
Lo más fuerte, lo más hermoso... todo ha ocurrido a través de un contacto impersonal.
Incluso ahora.
Somos desconocidos, no existe nada entre nosotros cuando nos vemos.
Pero cuando nos escondemos detrás de nuestras máscaras y nos hablamos mirando a la pared... todo vuelve, todo este tiempo. Reafirmamos aquello que dudabamos, nada se perdió.
Cuando nos quitamos nuestras máscaras e intentamos sostener la mirada sentimos una presión inmensa sobre nuestros cuerpos. ¿Será que nos sentimos suceptibles? Hay algo en el rostro del otro que nos impide seguir mirando, unos ojos que transmiten sentimientos, un rostro que en realidad está gritando para que el otro escuche cosas. Emociones y sentimientos que no se comunican, pero que yacen en nosotros constantemente y que arden cuando estamos cerca.
Tu rostro es un pasado imposible de sellar, una puerta a un mundo del que ahora ya no hay rastro alguno. La única prueba de que hubo cosas que de verdad fueron reales.
Este presente no entiende ese pasado y tampoco entiende cómo es posible que haya descendido de aquello. Me atrevería a decir que nosotros aún no lo entendemos y no sé si algún día lo entenderemos. Todo esto depende de muchas cosas.
No es cosa de ahora. Pero tampoco fue cosa del momento en el que nos conocimos. Hubo algo en el medio, vimos en el rostro del otro algo que no podríamos soportar, algo que acabaría con nosotros si sostuvieramos la mirada por más tiempo.
Vimos nuestros errores.

1 Mentiras:
Pepa, esto es hermoso Frederick ♥
Publicar un comentario en la entrada