lunes 28 de noviembre de 2011

Luna Escarlata

Ese día recuerdo que desperté como si hubiera sido la primera vez, volví a nacer.
Había estado dormida por un largo tiempo hasta ese día, siempre estuve atrapada en una pesadilla sin final.

Miré por la ventana y vi la luna llena en todo su esplendor.


¿Qué son esos bordes rojos? Esas líneas sinuosas color carmesí.


Me llaman.
Me llaman de nuevo.
No paran.
Gritan.
Voces que provienen de la luna exclaman mi nombre.

Mi destino me está llamando. Este es el fin de la línea, este es el final de esta pesadilla.

Aquí comienza un mundo nuevo.
Lo modificaré todo.
Lo reduciré a cenizas y lo reinventaré.












 
Pero... ¿en dónde está ella?
No logro encontrarla.

En el pasillo de los muertos camino lentamente, buscándola entre los cadáveres descuartizados, rostros dolidos, jaulas de carne rotas, despedazadas.


Debajo de mí había un objeto. Con mi mano roja manchada con el pecado lo recogí.
Miré al frente.

La encontré.

Finalmente la encontré.

Pensé que te había pasado algo.
Pensé que no volvería a verte.
Tengo miedo.
Dicen que la luna escarlata posee los corazones débiles de los desamparados y los hace cometer atrocidades.
¿Acaso es así?

¿De verdad es cierto?

¿Lo es...?

La abracé y luego de eso le di mi mano para que se levantara del suelo.

Parece que no se ha dado cuenta.

La agarré de la mano y la hice pararse.
La miré a los ojos fijamente y le pregunté si estaba bien.
Creo que me dijo que sí.

"¿Puedes caminar?"

La agarré de su brazo izquierdo y la llevé conmigo.
Su cabeza caía, tiesa, hacia un costado.
Sus piernas no encontraban el equilibrio, se arrastraban por el suelo.
Su brazo derecho colgaba oscilante como un péndulo.



Mi hermana me veía desde lejos.
La ignoré completamente.
Porque ya era tarde.

Ella no se movía desde donde estaba parada, solo me miraba fijamente y sin expresión alguna.
Mi hermana me ve.
Me observa.

Mi hermana está viendo algo y no sé que es.
Pero yo hago caso omiso y sigo mi camino junto a ella.
Camino.
Camino.
Lejos, muy lejos, al final del pasillo.

Mi hermana sigue mirándome.

Mi hermana me mira.

Me mira.

Ah...

Ya lo entiendo.



Mira como hablamos ella y yo, cuan bien nos llevamos juntas. Siempre ha estado celosa de nuestra amistad. No tiene amigos y siempre ha envidiado los míos.





Mi hermana se giró a la derecha y miró a través de la ventana. 
Observó detenidamente a la iluminada luna llena y se dejó poseer por ella.
Y cuando me miró... sus ojos ya no eran los mismos.

Porque al fin lo entendió.


Giré por el pasillo y dejé a mi hermana sola.
Ella entendió.
Se percató de lo que ocurría.
Y yo también.




Supo que mi amiga estaba muerta.



Fuente

sábado 19 de noviembre de 2011


"Alma no se molestó porque le dijeran "tonta"; pero sí le molestaba, y mucho, cuando le decían que era linda. Precisamente para evitarlo era que usaba esos anticuados vestidos grises sin forma y se peinaba con las mismas colitas que sus muñecas."




- "Historia de Alma"
("Palabra de Fantasma" de Carlos Rodrigues Gesualdi)

"Si nadie en el mundo te quiere así

Tal vez mis latidos lleguen hasta ti

Si nunca lo dije tal vez puede ser

Que solo en mis sueños te hablé


Distancias que mueren en el corazón

No pueden vencer ni borrar mi pasión

Buscando el camino que lleve hacia ti
Todo mi dolor no podrá hacerme desistir"





jueves 10 de noviembre de 2011

Quimera Sangrienta

Caminaba solo, por la vereda de una larga calle en forma de pendiente, observando a las pocas personas que pasaban a mi lado. La calle estaba casi vacía.
A unos metros de mí, dos niños parecían estar jugando, uno de ellos intentaba atrapar al otro. Un árbol los separaba, el que intentaba escapar había pensado bien, si su cazador eligiera ir por la derecha el solo tendría que moverse a la izquierda, si su astucia y velocidad no le fallaban, el niño nunca sería atrapado.

Caminé en dirección a los niños, debía pasar por ahí para llegar a mi destino. Cuando me encontré medianamente cerca ambos me miraron, aunque no repararon en mi por mucho tiempo y siguieron en su eterno juego.

Me acerqué más.

Uno de los niños, el más pequeño, quien era el perseguido, me miró fijamente, casi sin expresión en su rostro.
Nuestro fijo y mudo intercambio de miradas se mantuvo por un largo tiempo, parece que el otro niño también se había detenido a mirarme, pero a mi solo me importaba el perseguido.
El niño parecía hipnotizado por mi mirada, lo normal sería que emitiera un grito, hablara o simplemente me ignorara, pero no, solo me miraba; no estaba alerta, no parecía temer.

Estuve lo suficientemente cerca como para tener que mover mi cabeza hacia abajo para poder verlo. Lentamente me puse de cuclillas frente a él, nuestros rostros se encontraban separados por unos pocos centímetros. Mi mirada y la suya seguían iguales.
Con mi dedo índice de la mano derecha apoyado en el pulgar, preparé y asesté un golpe que impactó en su frente. Un golpe sutil, pero seco. El niño no se movió, ni siquiera se estremeció.

Me paré y seguí mi camino, ignorando a los niños completamente. Ahora él no me seguía con la mirada, parecía paralizado en el tiempo, sus ojos estaban clavados en un punto fijo, su cuerpo tieso como una roca, sin movimiento.
El otro niño se olvidó de mí rapidamente. Aprovechando el estado de su amigo se movió rapidamente para sorprenderlo desde la espalda. Lo agarró de los hombros y exclamó: "¡Te atrapé!"



El niño no contestó.

El cazador se movió lentamente y se paró frente a su presa, ya la tenía en sus manos, así que no era necesario ser cauteloso ni temer un repentino escape. Aún así, lo que lo extrañaba era la inmutabilidad de su premio, conseguido al fin, ¿cual era la gracia de perseguir, acechar o capturar si la presa ni siquiera se retorcía de los nervios?

Su amigo se movió justo frente al niño, ocupando su campo de visión.

"¿Estás bien?"


Silenciosa pero rápidamente la presa se abalanzó sobre su cazador. Comenzó a rasguñar su cara frenéticamente, produciendo heridas instantáneas en su rostro. El cazador gritaba, aullaba, intentaba protegerse, pero era dañado rápida y dolorosamente, el rostro del atacado fue adoptando una forma grotesca, lleno de rasguños, moretones y sangre. No es exageración, el atacante había sido poseído por una locura que parecía aumentar sus capacidades físicas de una manera inesperable, incluso con ese estado de frenetismo, causar heridas de esa índole y lograr inmovilizar al sufrido cazador de la manera en la que lo hizo sería en realidad físicamente casi imposible.
La víctima lloraba, incapaz de moverse, gritaba, pedía ayuda, ya había intentado quitarse al demonio de encima, pero le había sido imposible, incluso logró golpearlo en el rostro para apartarlo, pero aquel ser no se inmutó, por el contrario, le devolvió un golpe el doble de fuerte que dobló el rostro de lo que antes había sido su persecutor.
No era suficiente, el castigo no era suficiente, la sed de sangre y venganza no era saciada, ahora que la presa tenía la oportunidad de vengarse del cazador no terminaría aquel suplicio hasta que no hubiera nada más que destruir.
Aún moviéndose frenéticamente, temblando, como un animal rabioso, se percató de los objetos a su alrededor. Todo ocurrió en un instante, tomó una piedra del tamaño de su mano y comenzó a golpear la cara de su víctima con ella. Su rostro se encontraba roto y deformado, cubierto en sangre y lágrimas.
Clavó la piedra en un ojo y se percató de que el instrumento de ataque ya no era útil, se había roto y reducido considerablemente de tamaño de tantos golpes que había propinado . Pero no se detuvo, ni una pausa, le tomó apenas un instante agarrar otra roca para reanudar el destrozo de su víctima. No pararía, no pararía hasta que aquel rostro se volviera una pila de carne triturada. Desgarró la piel y hundió el dolor y la destrucción más profundamente, perforando, en medio de ayes ahogados que no tardaron en desaparecer...


Me volteé y el niño me sonrió.

"Sí."


"Bueno, ahora te toca a ti, ¡atrápame si puedes!"




miércoles 9 de noviembre de 2011



"I have a body that is unable to love."





- Yasu 
(Umineko no naku koro ni Chiru 
- Requiem of the Golden Witch)

Bleak

This is when I fall as a victim.


When I murder myself.


When I become numb.


When nothing else is there for me.





Eternal days of bleakness, surround me and carry me to the world I belong to. This is not my place anymore, it is too bright for this shadowy being.



When I murder myself.


When I become numb.


When nothing else is there for me.


When things become senseless and feelings disappear, remember, you have to kill me, again.





T. Levett

miércoles 2 de noviembre de 2011

@^

Canciones...

Canciones que me remiten a un tiempo lejano.

Un sendero se abre ante mis ojos, la realidad se distorsiona, con una melodía nostálgica sonando, veo pasar momentos que se me hacen conocidos por alguna extraña razón.

Veo un individuo. Una esencia sutil susurra palabras vacilantes a mis oídos, me dice que esa persona soy yo.


¿Es esto realmente un recuerdo? Parece que estoy viendo una vieja película.
Sí, una vieja película que ha sido desenterrada en algún sector bloqueado de la mente de una persona.

A mi lado, el espectro destrozado de un alma incomprendida se arrastra por los suelos, los patéticos restos de un lastimoso ser.
En el momento en el que creemos que nuestros fantasmas han muerto y han dejado de torturarnos, es cuando nos damos cuenta de que aún existe un lugar para ellos y que siempre existirá.

Lo mismo pasa con nuestros ángeles. Ahora mismo estoy viendo uno.


Pero mi ángel es inalcanzable, no puedo tocarlo, no puedo sentirlo, no puedo convencerme de que realmente está ahí.
Es una película.
Un delirio.
Un espejismo.

Mi ángel le ruega a mi reminiscencia, pero no hay nada que recordar, nada que buscar.
Puedes sacar un objeto de un viejo baúl cerrado con llave, pero, ¿qué consigues cuando el objeto atesorado en aquel olvidado baúl se muere? Cuando lo que tanto he conservado ha muerto, se ha vencido, ha fallecido; un baúl cerrado que no guarda nada más que un esqueleto en su interior. No hablará, solo ha sido capaz de evocar un recuerdo inalcanzable.

Pronto será polvo.
Mi ángel se desvanecerá.
Mis fantasmas me cubrirán.



Y de mi será algo que no debe ser mencionado, no debe ser visto, no debe ser escuchado.


Los otros me miran con decepción.
Lo sé, lo sé.
Esto no es lo que queremos. No es lo que nadie quiere.

Pero no hacen nada, uno baja la mirada y solloza silenciosamente; el otro permanece indiferente, pasmado, suspendido en el tiempo.

Yo no soy nada, nada en realidad. Solo nos miro, expectante, ¿quién será el próximo en morir?
O aún peor,

¿quién será el próximo en nacer?

martes 1 de noviembre de 2011

BP^

Recuerdo el día en el que dijiste que nos ayudarías a todos. Dijiste que nos salvarías, que harías todo lo posible para que seamos felices.

Que era tu fin, tu objetivo.


¿Qué hay de eso ahora? ¿Lograste ayudarnos?
Quizás con el resto hayas podido realizar una labor convincente, los acompañaste e hiciste lo que pudiste, echaste a la soledad.



Conmigo fallaste.
¿Creíste que era tan fácil?
¿Qué hay de tu promesa?
¿Qué hay de todo lo que querías hacer?

Ya no digas nada.
No puedes decir nada.



Eres tan culpable que no puedes hablar.