Ese día recuerdo que desperté como si hubiera sido la primera vez, volví a nacer.
Había estado dormida por un largo tiempo hasta ese día, siempre estuve atrapada en una pesadilla sin final.
Miré por la ventana y vi la luna llena en todo su esplendor.
¿Qué son esos bordes rojos? Esas líneas sinuosas color carmesí.
Me llaman.
Me llaman de nuevo.
No paran.
Gritan.
Voces que provienen de la luna exclaman mi nombre.
Mi destino me está llamando. Este es el fin de la línea, este es el final de esta pesadilla.
Aquí comienza un mundo nuevo.
Lo modificaré todo.
Lo reduciré a cenizas y lo reinventaré.
Pero... ¿en dónde está ella?
No logro encontrarla.
En el pasillo de los muertos camino lentamente, buscándola entre los cadáveres descuartizados, rostros dolidos, jaulas de carne rotas, despedazadas.
Debajo de mí había un objeto. Con mi mano roja manchada con el pecado lo recogí.
Miré al frente.
La encontré.
Finalmente la encontré.
Pensé que te había pasado algo.
Pensé que no volvería a verte.
Tengo miedo.
Dicen que la luna escarlata posee los corazones débiles de los desamparados y los hace cometer atrocidades.
¿Acaso es así?
¿De verdad es cierto?
¿Lo es...?
La abracé y luego de eso le di mi mano para que se levantara del suelo.
Parece que no se ha dado cuenta.
La agarré de la mano y la hice pararse.
La miré a los ojos fijamente y le pregunté si estaba bien.
"¿Puedes caminar?"
La agarré de su brazo izquierdo y la llevé conmigo.
Su cabeza caía, tiesa, hacia un costado.
Sus piernas no encontraban el equilibrio, se arrastraban por el suelo.
Su brazo derecho colgaba oscilante como un péndulo.
Había estado dormida por un largo tiempo hasta ese día, siempre estuve atrapada en una pesadilla sin final.
Miré por la ventana y vi la luna llena en todo su esplendor.
¿Qué son esos bordes rojos? Esas líneas sinuosas color carmesí.
Me llaman.
Me llaman de nuevo.
No paran.
Gritan.
Voces que provienen de la luna exclaman mi nombre.
Mi destino me está llamando. Este es el fin de la línea, este es el final de esta pesadilla.
Aquí comienza un mundo nuevo.
Lo modificaré todo.
Lo reduciré a cenizas y lo reinventaré.
No logro encontrarla.
En el pasillo de los muertos camino lentamente, buscándola entre los cadáveres descuartizados, rostros dolidos, jaulas de carne rotas, despedazadas.
Debajo de mí había un objeto. Con mi mano roja manchada con el pecado lo recogí.
Miré al frente.
La encontré.
Finalmente la encontré.
Pensé que te había pasado algo.
Pensé que no volvería a verte.
Tengo miedo.
Dicen que la luna escarlata posee los corazones débiles de los desamparados y los hace cometer atrocidades.
¿Acaso es así?
¿De verdad es cierto?
¿Lo es...?
La abracé y luego de eso le di mi mano para que se levantara del suelo.
Parece que no se ha dado cuenta.
La agarré de la mano y la hice pararse.
La miré a los ojos fijamente y le pregunté si estaba bien.
Creo que me dijo que sí.
"¿Puedes caminar?"
La agarré de su brazo izquierdo y la llevé conmigo.
Su cabeza caía, tiesa, hacia un costado.
Sus piernas no encontraban el equilibrio, se arrastraban por el suelo.
Su brazo derecho colgaba oscilante como un péndulo.
Mi hermana me veía desde lejos.
La ignoré completamente.
Porque ya era tarde.
Ella no se movía desde donde estaba parada, solo me miraba fijamente y sin expresión alguna.
Mi hermana me ve.
Me observa.
Mi hermana está viendo algo y no sé que es.
Pero yo hago caso omiso y sigo mi camino junto a ella.
Camino.
Camino.
Lejos, muy lejos, al final del pasillo.
Mi hermana sigue mirándome.
Mi hermana me mira.
Me mira.
Ah...
Ya lo entiendo.
Mira como hablamos ella y yo, cuan bien nos llevamos juntas. Siempre ha estado celosa de nuestra amistad. No tiene amigos y siempre ha envidiado los míos.
Mi hermana se giró a la derecha y miró a través de la ventana.
Observó detenidamente a la iluminada luna llena y se dejó poseer por ella.
Y cuando me miró... sus ojos ya no eran los mismos.
Porque al fin lo entendió.
Giré por el pasillo y dejé a mi hermana sola.
Ella entendió.
Se percató de lo que ocurría.
Y yo también.
Supo que mi amiga estaba muerta.
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